Verba volant, scripta manent.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 8.

[...] Jäilabreak continuaba con sus misiones de matanza, y ya prácticamente toda la zona de Tierras de la Peste era del Rey Exánime, excepto por esa pequeña minoría de humanos que aún seguía viva e intentaba eliminar a los caballeros de la muerte y a Arthas. El Rey decidió bajar del Bastión de Acherus a las mismas tierras para observar cómo se hacía con el control. 
La próxima misión de Jäilbreak era conjunta, y debían entrar escondidos en unas carretillas a los barcos de los humanos, utilizar los cañones y matarlos para que dejaran de incordiar. La otra parte de los caballeros subirían en esqueléticos dragones y matarían a los soldados desde arriba. Arthas lo tenía todo controlado. 
No quería poner en peligro a su único compañero fiel, así que Jäilbreak dejó al lobo en el pequeño poblado controlado por la muerte, y se fue con sus compañeros a matar. Se escondieron cada uno en una carretilla, y en poco tiempo llegaron al barco. Sigilosamente, salieron de ellas, y se hicieron con el control de los cañones antes de que cualquiera de los mortales pudiese hacer nada. Jäilbreak prefería no mirar, pero oyó perfectamente los gritos agónicos de esos humanos y de los que morían a manos de los caballeros montados en dragones. La masacre duró poco.

La misión fue todo un éxito, y llegaron al poblado enseguida. El lobo estaba bien; se encontraba tumbado descansando. Pero poco duró aquel descanso. El Rey Exánime les dijo a todos que debían dirigirse al este debido a que Tirion había ido a Tierras de la Peste con sus caballeros de la Luz a acabar con La Plaga, por lo que debían detenerlos. Aberraciones no-muertas creadas por los boticarios estaban preparadas, y Jäilbreak se despidió en silencio del lobo. Antes de que pudiera irse, el Rey le dijo que el lobo debía ir con ella; cuantas más fuerzas mejor. Y él ya se había encargado de confeccionarle una armadura al animal. Jäilbreak se encontraba anonadada. También le dijo que si era preciso en algún momento de la batalla, que dejara de luchar con la espada y se dedicara a curar a los caballeros. Arthas se uniría a la lucha más tarde.

La no-muerta se montó en su montura y se dirigió al este con los demás. Tuvieron que esperar hasta la llegada de los caballeros de la Luz, la cual vino sin avisar.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 7.

[...] ''Mata a 15 despreciables humanos de la Cruzada Escarlata''. Así que esos humanos sabían que Arthas había despertado e iban a frenarlo. La sacerdotisa sintió alivio al haberse separado de ellos. Si no, otro como ella ya la hubiera deshuesado. El Rey Exánime le había dicho que debía portar una espada, con la cual no tenía práctica. Su primera misión fue todo un fracaso ya que no sabía manejar aquella espada, y de esos 15 solo pudo matar a unos 7, los más débiles. Tuvo que retirarse rápidamente y salir volando en uno de esos hipogrifos muertos que el Rey Exánime le había concedido. Para que le fuera más fácil, este le dio una nueva misión: ''mata a 20 civiles de Tierras de la Peste para que aprendas a manejar la espada''. Se le paró en corazón más de lo que ya estaba. Pero, ¿cómo iba a hacer ella eso? ¿Cómo iba a matar a 20 civiles, si su misión desde el día en que nació fue proteger a todas las personas de Quel'Thalas? No entendía nada, y mucho menos por qué lo hacía. Los gritos de esos indefensos humanos le partían por dentro. Aunque el Rey Exánime tuvo razón en una cosa: aprendió a manejar la espada.

Dejó de valorarse a sí misma más de lo que ya lo hacía, y no se dejaba de preguntar cómo aquel jovencísimo Rey había conseguido crear semejante ejército de la nada, y cómo había conseguido adueñarse él solo de las Tierras del Oeste -ahora Tierras de la Peste-.

En muy poco tiempo, la mayoría de los miembros de la Cruzada Escarlata, junto con los civiles, se convirtieron en no-muertos dispuestos a la merced de Arthas. Se sentía afortunada, pues aunque hiciera cosas horribles, al menos tenía voluntad propia. Desde el primer día en que llegó, advirtió que los caballeros de la muerte eran fríos. sin sentimientos. Quizás ellos también mataban para Arthas porque no tenían ningún hogar ni nadie que se preocupara por ellos. Y quizás otros mataban para él porque se creían de verdad lo de dominar el mundo y realmente sentían emoción. Lo único que ella sabía que es que el lobo se encontraba bien, y que todo lo que hacía tenía sentido.
Jäilbreak se había dado cuenta de que Arthas sentía cada día más simpatía por el animal, y que le encantaba que cada vez fuera más agresivo. Si tuviera que salvar tres cosas de aquel mundo, salvaría a Invencible, la Agonía de Escarcha, y al lobo. Jäilabreak le de decía que cada día el lobo se volvía más furioso. Pero era mentira; ella se encargaba de que su único amigo siguiera siendo tan noble como siempre. 

Ya llevaba bastante tiempo trabajando para aquel Rey, y esa sensación hacia él en su pútrido corazón no se iba. Y una noche, tumbada en el pútrido suelo, mirando las pútridas estrellas del pútrido cielo, se preguntó hasta cuándo duraría el ejército de Arthas, el cual no dejaba de expandirse día a día.

martes, 27 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 6.

[...] Le preguntaron quién era y no supo responder. La capucha aún cubría su cara. Estaba realmente nerviosa, pues estaba rodeada de numerosos humanos que podían deshuesarla de un momento a otro si quisieran.
Uno de ellos, cansado de no recibir respuesta por parte de Jäilbreak, le retiró la capucha, y todos se sorprendieron al ver esos ojos amarillos, esa piel azulada y ese pelo como la paja.
Sin dejar reaccionar a los humanos, la no-muerta alzó sus manos y atacó al primero que vio. Los demás fueron víctima de un ataque que los hacía huir durante unos segundos. Mientras terminaba con la primera víctima, unas patas ganchudas y huesudas cogieron a Jäilbreak y al lobo. Ascendieron a tal altura, que ni los cazadores eran capaces de alcanzarlos con sus flechas. La no-muerta estaba más pendiente de su amigo animal que de sí misma, y no dejaba de preguntarse si le dolería demasiado cómo le estaba sujetando esa pata de huesos.

A lo mejor alguna civilización de no-muertos los había visto y los habían rescatado de aquellos humanos. El dejar por fin a un lado la soledad le agradaba. Pero no fue así.
El animal volador se posó sobre una enorme plataforma situada en el aire, el Bastión de Acherus y allí los dejó a los dos. Nada más llegar, la no-muerta cubrió su rostro con la capucha. Miró a su alrededor mientras se aseguraba de que el lobo estaba bien. 
Oyó unos marcados pasos. Provenían de alguien vestido con una armadura de negra compuesta por grandes plateadas con calaveras marcadas. Llevaba unas botas bien preparadas para soportar gélidas temperaturas. Gélidas... abrió sus ojos. Algo se alarmó en su interior. Mientras veía cómo aquel poderoso ente se acercaba a ella, distinguió a los lados de su peculiar yelmo -el cual le tapaba todo el rostro- pelo. Esa persona tenía el pelo largo y blanco como el hueso. Al ver ese pelo, no tuvo la más mínima duda, pues supo que el destino de su eternidad le había hecho reencontrarse con Arthas, el Caballero de la Muerte. Tuvo miedo, y se acercó aún más al lobo.
Se presentó como el Rey Exánime. ¿Rey Exánime? ¿Qué había pasado en todos estos años?  ¿ Sylvannas no le había dado muerte? Veía que no. Su voz era profunda, sepulcral. Jäilbreak, y de sus ojos irradiaba un colo azul; sabía que algo en él había cambiado. Y malos recuerdos le daban esa Agonía de Escarcha que seguía portando con tanto entusiasmo. 
Cuando se encontraba enfrente de ella, más cerca que nunca, este le quitó la capucha, y, pese a no poder ver su rostro, ella supo que estaba sorprendido. Inconscientemente, alzó sus manos para defenderse como hacía desde hacía años cada vez que alguien se sorprendía de esa manera al verla. Pero él no se quedó parado, y la apuntó con su espada. Aquel azul la seguía aterrorizando. Bajó la espada a la vez que la no-muerta sus manos. 
El Rey comenzó a hablar, y esta no se creía lo que decía. No sentía ningún rencor hacia ella, pues había vuelto con él, pero esta vez, de una manera diferente. No le privaría de su voluntad, y juntos, con más caballeros, podrían construir un mundo solo para ellos. Pudo percibir la emoción en sus palabras, emoción que ella no entendía, pues eso de dominar el mundo siempre le había parecido una tontería y nunca le había prestado demasiada atención. Jäilbrek aceptó, pero dijo que a cambio el lobo iría con ella. El Rey aceptó. Le dijo que en muy poco comenzaría sus misiones destinadas a la construcción de un nuevo mundo.
Jäilbreak sintió que la soledad se había eliminado en ella, que ahora su vida tomaba con rumbo con sentido. Todo cuanto hiciera tendría sentido por fin.
Miró a aquel Rey, y en su pútrido corazón había un sentimiento que sabía perfectamente que no debía sentir, y mucho menos tratándose de la persona que la llevó a la propia muerte a ella y a toda su ciudad. Pero de nuevo, todo tenía sentido.

La no-muerta miró hacia atrás, y pudo ver que aquel animal que los había llevado por los aires, era un hipigrifo. Muerto.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 5.

[...] Desde ese momento, su vida perdió toda cultura, civilización y sociabilidad posible. 
Hacía ya tiempo que había conseguido ver su rostro. El vivir en Claros de Trisfal hizo que Jäilbreak consiguiera adaptarse a la vida salvaje, tomando así como amigo a un lobo.

Una noche, cogió a su compañero y muy sigilosamente se adentraron en uno de los castillos de guerra de La Alianza. Gracias al resplandor de las dos lunas, la sacerdotisa pudo ver en una vitrina su rostro. Tuvo que asimilar su muerte y que la belleza que tuvo se le había ido por completo. Su vida se basaba en estar en el bosque por el día y pasear, cazar y comer criaturas, y por la noche esconderse todo lo mejor posible y descansar. Más de una vez se había topado con algún humano que había intentado matarla. Pero no les fue posible. Tuvo la suerte de recibir el ataque de uno de esos inoportunos humanos, así que cuando lo mató, se puso sus ropas; una túnica negra con capucha. Perfecta. Así conseguiría camuflar su aspecto. 

En una ocasión tuvo amontonados dos cadáveres, pero no se complicó más y decidió dárselo a su amigo lobo y a las demás criaturas silvestres que vivían en Claros de Trisfal. Descubrió que a las arañas corruptas -de gran tamaño- les encantaba la carne humana.

Estuvo viviendo en estas condiciones durante años, en los cuales creía que Sylvanas le habría dado caza a Arthas y seguramente lo habría matado.

Llegó una noche más de un día más de un mes más, y Jäilbreak se fue a dormir como cada noche a una de las carrozas de La Alianza. Esas carrozas tenían sacos de trigo, por lo que eran unas excelentes almohadas para ella y para el lobo. Pero una noche, notó algo extraño. Abrió esos amarillos ojos y advirtió de que se estaban moviendo. El lobo se despertó a la vez que ella, pero esta le acarició la cabeza diciéndole que se tumbara. Jäilbreak se preguntó a dónde irían. ¿A coger trigo? Seguramente no. ¿Para qué hacerlo de noche? Miró a su alrededor, y se dio cuenta de que no estaban solos. Había más carrozas y humanos montados a caballo. ¿Habría alguna guerra? En caso de ser así,  nada más llegar huiría y reharía su vida en otro lugar. Total, ya lo hizo en Claros de Trisfal, así qué, ¿por qué no poder hacerlo otra vez en otro sitio? Decidió ponerse por encima todos los sacos que le fue posible, pese a que sabía que les iban a descubrir. Pero no fue así.  

Tardaron mucho en llegar, no lo supo calcular. Alguien despertó de su sueño a Jäilbreak y al lobo, que se había hecho pasar por una mascota de los humanos. Miró a su alrededor, y era todo muy extraño.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 4.

[...] Llegaron a Lordearon tras un largo camino, y esta vez sin discurso y sin aviso como en las otras ocasiones, comenzó la matanza. Estos humanos estaban preparados para el ataque, aunque muchos sabían que no iban a poder hacer nada. Realmente se equivocaron, Arthas, en medio de la gran batalla que se desató, sintió un gran dolor. Le hablaba el Rey Exánime. Le dijo que debía volver a Rasganorte, pues sus poderes estaban empezando a decaer, y lo irían haciendo cada vez más hasta llegar al punto de agotarse del todo si no volvía pronto. Como consecuencia, perdió el control de la mayoría de su ejército, por lo que algunos necrófagos se volvieron contra él controlados por otro poder. Otros muchos, recuperaron de nuevo su voluntad, como Jäilbreak o Sylvanas. 
Cuando la sacerdotisa vio que por fin podía mirar a donde quería, que podía caminar al ritmo que quisiera, y que dejó de pelear de repente, fue consciente de que había vuelto a tener voluntad propia. Miró a su alrededor, y divisó al caballero luchar contra sus propios no-muertos, contra aquellos que él mismo creó. Apartó la mirada de él, y salió corriendo todo lo que pudo hasta llegar a las afueras de la ciudad y adentrarse en los bosques de Claros de Trisfal. Vio cómo muchos otros no-muertos huían hacia la misma dirección, y cómo las almas en pena buscaban sus cuerpos muertos para luego escapar también.

Tras un descanso en lo más hondo del bosque, vio de repente al caballero de la muerte. No iba solo. Jäilbreak, presa del miedo y del deseo de no volver a ser un títere, se escondió tras un espeso arbusto.  Contempló al príncipe sufrir de nuevo esos tremendos dolores que había padecido en la pelea. De nuevo, era el Rey Exánime. Y Arthas decidió dejar la batalla. Pero apareció Sylvanas -ya había recuperado su cuerpo-, y entonces el caballero se dio cuenta de que había sido víctima de un engaño; las almas en pena con las que se había dirigido hacia el bosque lo habían engañado para que Sylvanaas pudiera darle muerte en ese mismo lugar. Primero, la Forestal le lanzó una flecha que hizo que su cuerpo se fuera paralizando. Y justo cuando se disponía a lanzarle la flecha definitiva... el único no-muerto con voluntad propia que había enfilado su ejército, Kel' Thuzad, cogió a Arthas y huyeron rápidamente, diciendo que ese no sería el día en el que el caballero moriría. Sylvanas se fue frustrada junto con aquellas almas, y Jäilbreak pasado un rato salió de su ''escondite''. 

Su piel era blanca y ligeramente azulada, y debajo de su ropa pudo ver algunas partes de sus huesos. Sus ojos habían adquirido un color amarillo, y su pelo ya no era pelo, era algo así como paja; áspero, duro, y negro con mechones blancos. Pero era un blanco sucio. Aquella gloriosa elfa se había convertido en una no-muerta fría y azul, a la cual, literalmente, se le veían los huesos.
Ya era libre, pero no tenía a nadie. Decidió probar sus dotes como sacerdotisa, y se reconfortó al ver que seguía teniendo sus conocimientos. Se comió el cadáver del inocente lobo al que había matado al probar sus poderes. Muchos días sin alimentarse. Ahora era inmortal, pero si no comía se debilitaría. 

Decidió quedarse en ese bosque muerto mientras pensaba qué haría con su vida. O más bien, con su no-muerte.

martes, 13 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 3.

[...] Realmente pasó más tiempo del que ella percibió, pues estaba muerta. Se encontraba con un grupo de más como ella, incluso en peor estado. Y algunos no habían tenido la oportunidad ni de ser resucitados, sus cuerpos se encontraban demasiado descompuestos y desgarrados. Esos eran los que más suerte había tenido. Algo más adelante de la sacerdotisa -tampoco mucho-, el caballero cabalgaba encima de su no-muerto caballo. Era al único al que dedicaba sonrisas, acariciaba, y recibía su atención. Ese caballo, que Invencible se llamaba, tenía algo que encandilaba el corazón de Arthas, si es que algo quedaba de él, claro. Y aunque no lo reconociera y el Rey Exánime se lo negara, aún amaba a aquella maga. A lo mejor no era un monstruo realmente como muchos creían.

Jäilbreak y los demás miraban a donde Arthas ordenaba. Habían perdido su voluntad. Andaban al paso que el caballero quería, o más bien al paso que Invencible lo hacía. Nadie protestaba, nadie tenía cuenta de lo que hacía. 

A su paso iban encontrando vida humana. Y todos eran ordenados a atacar, quisieran o no. 

Hasta que llegaron a Dalaran, la ciudad de los magos, donde se encontraban los más poderosos. Arthas comenzó con su discurso, en el que decía que se entregaran y dejaran ser derrotados. Pero salió Antonidas de aquellas mágicas puertas diciendo que se retiraran, ya que no iban a permitir que acabaran con su ciudad. Fue el primero que peor suerte corrió.
Dalaran terminó saqueada y destruida, y toda la magia que se preparó para la llegada del caballero fue en vano, al igual que en Lunargenta, y de nuevo, se incrementó el número de no-muertos.
Los putrefactos títeres atacaron e incluso mataron a cualquiera que vieran a su paso, aunque los hubieran apreciado en vida. Jäilbreak estaba entre ellos.

Una vez terminada la batalla, un alma en pena gritaba creando una honda pena y agonía en el interior de Jäilbreak y los demás. El hacer sufrir a los que amó un día y hacerse sufrir a sí misma, fue el castigo que Arthas le dio a la Forestal, junto con matar en las grandes guerras a los que un día lucharon con ella.

Y tras abandonar la hecha cenizas ciudad de Dalaran, Arthas decidió volver a Lordaeron para acabar con toda humanidad que allí pudiera quedar y reivindicar su trono.
A veces la sacerdotisa descansaba, paraba de caminar. pero solo cuando Arthas estimaba que Invencible lo necesitaba. Aquel huesudo caballo era lo único que al caballero de la muerte le importaban en ese mundo lleno de dolor, peste y muerte que había creado, junto con la poderosa gélida y azul espada de la que calló perdido desde el primer momento en que la vio.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 2.

[...] La Forestal y su ejército de elfos salieron fuera de lo que conformaba Lunargenta, para enfrentarse al caballero y sobretodo, proteger en todo momento a la gente que allí dentro se encontraba.

Jäilbreak enfilaba las últimas filas de aquel numeroso ejército. Se decidió que los más inexpertos se pusieran atrás del todo por si por alguna razón tenían que abandonar la batalla les pudiera resultar más sencillo, aunque realmente eso no servía de mucho, puesto que una vez que comenzara la batalla se desharían todas las filas.
La sacerdotisa, cada vez más muerta del asco por el hedor que aquellos no-muertos desprendían desde la lejanía, repasó mentalmente todos y cada uno de los entrenamientos hasta el momento. Miró hacia atrás, contemplando las puertas que cerraban la ciudad de Lunargenta, aparantemente, con la magia más poderosa. Pero había algo en ella que no le daba demasiada seguridad, pese a que fuera imposible para Arthas encontrar la llave de la segunda puerta.

Cuando se aproximaron, comenzó el discurso del caballero de la muerte. La batalla comenzó casi sin avisar, de forma desprevenida, y la Forestal se centró exclusivamente en Arthas.

Jäilbreak corrió hacia atrás del todo, sanando a sus compañeros, y atacando a los realmente frágiles y estúpidos necrófagos que intentaban dañarla. No pudieron hacer nada contra la tortura mental que tantas veces había entrenado única y exclusivamente para esa gran pelea. Hasta el momento todo era sencillo, pero a medida que avanzaba la batalla, vio cómo elfos morían y al instante despertaban convertidos en pútridos seres sin voluntad y sin mente. Al ver semejantes imágenes, Jäilbreak dejó a un lado los ataques de daño, y se centró en sanar todo lo que podía a sus compañeros. Cada vez era más difícil, cada vez más elfos se levantaban convirtiéndose en títeres de guerra manejados a la merced del caballero de la muerte.
Jäilbreak pudo divisar a los lejos a Arthas, viendo cómo intentaba acabar con la vida de Sylvanas. Se centró de nuevo en lo que le incumbía a ella, y mató a todos los necrófagos que pudo, incluso a elfos que amigos suyos fueron en vida. Era... doloroso. Sanar y atacar, y viceversa. Pero no todo fue tan sencillo.
El caballero de la muerte se aproximó a ella, y esta intentó huir, pero los no-muertos y los elfos que continuaban luchando se lo impedían. Se sanó a sí misma todo lo que pudo, pero no fue suficiente cuando tres no-muertos la atacaron a la vez. Mientras torturaba mentalmente a uno de ellos, la figura de Arthas se acercó a ella rematándola con aquella fría espada. Lo miró mientras alzó las manos hacia él para atacarlo y defenderse. Pero no fue suficiente. Al igual que tampoco lo fue para sus compañeros que al igual que ella, habían caído en batalla. Murió divisando el rostro del joven caballero.

Dejó de sentir, de pensar, de recordar, de ser.

Pero su destino no era el eterno descanso. Y algo hizo que sus ojos se abrieran. Tiempo después. Lo suficiente.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 1.

Jäilbreak, cuyo hogar se encontraba por los verdes e idealizados jardines de Quel'Thalas antes de adentrarse en la obligada no-muerte. Por aquel entonces, no había nada que pudiera alterar la elegancia y belleza de aquellos territorios, nada, hasta el momento, había conseguido apestar semejante hermosura llena de verde.
Jäilbreak no pertenecía a esos sacerdotes que se encargaban de sanar lesiones. Ella pertenecía a aquellos que hacían daño, pero nunca con un fin siniestro, pues su intención era perpetuar la seguridad de los elfos y de sus tan cuidados territorios. Pertenecía a aquellos sacerdotes denominados sacerdotes de las sombras. 

Un día, todo se torció; se alertó de que una oleada de muertos vivientes llamados ''no-muertos'' estaban arrasando con toda vida que se topaba por su camino. Eran muertos andantes sin voluntad, que estaban manejados por un llamado caballero de la muerte, Arthas, quien había sido en su día príncipe de Lordaeron, ciudad principal de La Alianza, y sucesor del trono. Se decía que había emprendido un viaje para acabar con aquella terrible peste de no-muertos, pero al volver ya no era el mismo. Portaba una poderosa espada de un azul precioso, la misma con la que mató a su padre destronándolo. Seguidamente, mató a todas las personas que habitaban en Lordaeron, consumiendo sus almas con aquel arma, la Agonía de Escarcha. Lo peor era que una vez revividas esas personas, iban a formar parte de su numeroso ejército, por lo que este iba haciéndose más y más grande. 
Se tomaron medidas drásticas y extremas, todas las puertas de Quel'Thalas fueron cerradas con la magia más poderosa para impedir que Arthas y sus no-muertos se adentraran en la ciudad, acabaran con todos, y todas esas inocentes personas fueran a formar parte de esas tropas terribles.

Jäilbreak intensificó su entrenamiento, e incluso se especializó en la sanación, ya que era una sacerdotisa.
Horas y horas eran dedicadas al entrenamiento, para poder acabar con aquellos no-muertos y darles la paz que se merecían en la muerte, y sobretodo, poder derrocar a Arthas.
Sus tropas no deberían poder entrar debido a la poderosa magia con la que estaban cerradas las puertas, pero los elfos tenían que barajar todas las posibilidades, por lo que, si por algún casual conseguían entrar, tenían que estar preparados para el ataque, y sobretodo para la Agonía de Escarcha que portaba aquel caballero de la muerte.

Todo pilló por sorpresa, pero eso no impidió que la Forestal Sylvanas Brisaveloz, la mejor arquera, perdiera la guardia. Ella  estaba dispuesta a frenar a aquel caballero que había acabado con la vida de su propio padre, de la gente que habitó Lordaeron y confió en él. Y la arquera no estaba dispuesta  a que eso ocurriese en Quel'Thalas.

Las vagas y torpes pisadas de los no-muertos se oían en la lejanía, junto con el trote de Invencible, el tan amado y muerto en vida caballo de Arthas.