Verba volant, scripta manent.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 7.

[...] ''Mata a 15 despreciables humanos de la Cruzada Escarlata''. Así que esos humanos sabían que Arthas había despertado e iban a frenarlo. La sacerdotisa sintió alivio al haberse separado de ellos. Si no, otro como ella ya la hubiera deshuesado. El Rey Exánime le había dicho que debía portar una espada, con la cual no tenía práctica. Su primera misión fue todo un fracaso ya que no sabía manejar aquella espada, y de esos 15 solo pudo matar a unos 7, los más débiles. Tuvo que retirarse rápidamente y salir volando en uno de esos hipogrifos muertos que el Rey Exánime le había concedido. Para que le fuera más fácil, este le dio una nueva misión: ''mata a 20 civiles de Tierras de la Peste para que aprendas a manejar la espada''. Se le paró en corazón más de lo que ya estaba. Pero, ¿cómo iba a hacer ella eso? ¿Cómo iba a matar a 20 civiles, si su misión desde el día en que nació fue proteger a todas las personas de Quel'Thalas? No entendía nada, y mucho menos por qué lo hacía. Los gritos de esos indefensos humanos le partían por dentro. Aunque el Rey Exánime tuvo razón en una cosa: aprendió a manejar la espada.

Dejó de valorarse a sí misma más de lo que ya lo hacía, y no se dejaba de preguntar cómo aquel jovencísimo Rey había conseguido crear semejante ejército de la nada, y cómo había conseguido adueñarse él solo de las Tierras del Oeste -ahora Tierras de la Peste-.

En muy poco tiempo, la mayoría de los miembros de la Cruzada Escarlata, junto con los civiles, se convirtieron en no-muertos dispuestos a la merced de Arthas. Se sentía afortunada, pues aunque hiciera cosas horribles, al menos tenía voluntad propia. Desde el primer día en que llegó, advirtió que los caballeros de la muerte eran fríos. sin sentimientos. Quizás ellos también mataban para Arthas porque no tenían ningún hogar ni nadie que se preocupara por ellos. Y quizás otros mataban para él porque se creían de verdad lo de dominar el mundo y realmente sentían emoción. Lo único que ella sabía que es que el lobo se encontraba bien, y que todo lo que hacía tenía sentido.
Jäilbreak se había dado cuenta de que Arthas sentía cada día más simpatía por el animal, y que le encantaba que cada vez fuera más agresivo. Si tuviera que salvar tres cosas de aquel mundo, salvaría a Invencible, la Agonía de Escarcha, y al lobo. Jäilabreak le de decía que cada día el lobo se volvía más furioso. Pero era mentira; ella se encargaba de que su único amigo siguiera siendo tan noble como siempre. 

Ya llevaba bastante tiempo trabajando para aquel Rey, y esa sensación hacia él en su pútrido corazón no se iba. Y una noche, tumbada en el pútrido suelo, mirando las pútridas estrellas del pútrido cielo, se preguntó hasta cuándo duraría el ejército de Arthas, el cual no dejaba de expandirse día a día.

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