[...] Jäilabreak continuaba con sus misiones de matanza, y ya prácticamente toda la zona de Tierras de la Peste era del Rey Exánime, excepto por esa pequeña minoría de humanos que aún seguía viva e intentaba eliminar a los caballeros de la muerte y a Arthas. El Rey decidió bajar del Bastión de Acherus a las mismas tierras para observar cómo se hacía con el control.
La próxima misión de Jäilbreak era conjunta, y debían entrar escondidos en unas carretillas a los barcos de los humanos, utilizar los cañones y matarlos para que dejaran de incordiar. La otra parte de los caballeros subirían en esqueléticos dragones y matarían a los soldados desde arriba. Arthas lo tenía todo controlado.
No quería poner en peligro a su único compañero fiel, así que Jäilbreak dejó al lobo en el pequeño poblado controlado por la muerte, y se fue con sus compañeros a matar. Se escondieron cada uno en una carretilla, y en poco tiempo llegaron al barco. Sigilosamente, salieron de ellas, y se hicieron con el control de los cañones antes de que cualquiera de los mortales pudiese hacer nada. Jäilbreak prefería no mirar, pero oyó perfectamente los gritos agónicos de esos humanos y de los que morían a manos de los caballeros montados en dragones. La masacre duró poco.
La misión fue todo un éxito, y llegaron al poblado enseguida. El lobo estaba bien; se encontraba tumbado descansando. Pero poco duró aquel descanso. El Rey Exánime les dijo a todos que debían dirigirse al este debido a que Tirion había ido a Tierras de la Peste con sus caballeros de la Luz a acabar con La Plaga, por lo que debían detenerlos. Aberraciones no-muertas creadas por los boticarios estaban preparadas, y Jäilbreak se despidió en silencio del lobo. Antes de que pudiera irse, el Rey le dijo que el lobo debía ir con ella; cuantas más fuerzas mejor. Y él ya se había encargado de confeccionarle una armadura al animal. Jäilbreak se encontraba anonadada. También le dijo que si era preciso en algún momento de la batalla, que dejara de luchar con la espada y se dedicara a curar a los caballeros. Arthas se uniría a la lucha más tarde.
La no-muerta se montó en su montura y se dirigió al este con los demás. Tuvieron que esperar hasta la llegada de los caballeros de la Luz, la cual vino sin avisar.
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