¿Sabes qué? Ha vuelto; he vuelto.
Cómo abandonar al hijo que me dio las respuestas que la mente no quería contestar.
Cómo pensar que podría haberte abandonado por una simple y estúpida orden maldita.
Cómo, cómos, preguntas, resputas, cómo..
He llorado.
He sentido.
Rompí mi pacto hacia mí misma que decía que no iba a llorar, pero, ¿cómo puedo ser tan rastrera conmigo misma? ¿Cómo es posible que haya pactado con mi cabeza para darle la absoluta inutilidad a Corazón Sentimientos?
Cómo, cómos, preguntas, respuestas, cómo, qué.
Perdí todo lo que razón tenía, desvanecí mis lágrimas allá por donde iba, le deseé como ahora está.
Demasiado preguntándome qué, dónde, y ahora qué, ¿y mañana...?
Deseé el reconocimiento en su mente, deseé ser su mayor dolor y su más dulce recuerdo nostálgico; paradójicamente paradójico.
Pero no, ahora no, no puedo abrir la boca, la conciencia drogada me hiere, me hierve, me folla como si fuera su muñeca hinchable, pero lo que aun no sabe mi jodida conciencia es que yo soy de carne, y no solo de carne.
Caigo.
Recónditamente en lo más recóndito, enamorándome, odiando, recordándole, pero, ¡ha vuelto! ¡He vuelto! ¿Libre de nuevo?
Adicción.
Adicción a aquel que me enseñó lo que hoy amo más que a mi vida, lo que más me hace relajarme, lo que me hace evadirme cuando no hay salida en la realidad, lo que me proporcionó conocer la sexualidad de Tasso, lo que me hizo crearla.
Adicción a aquel que me enseñó lo que hoy amo más que a mi vida.
¿Cómo odiarle, si es que, me dio la oportunidad de conocer lo que hoy amo, adoro y deseo?
Este espacio ya ha quedado austero, se ha fundido con lo desconocido, ahora es mío.