Esta fatídica semana de exámenes por suerte se está terminando. Mañana simplemente queda un molesto examen de esas matemáticas.
Supuestamente, hay que ir madurando. Y madurar implica centrarse en lo que es importante, como aprobar exámenes. Para eso, obviamente hay que dejar de lado diversas cosas. Entre ellas, está leer.
Leer es una de aquellas cosas adictivas, que siempre están cuando más se necesita. Podría ser comparable a un amigo. A veces, los problemas carcomen la cabeza, y la mente, y controlan el día a día sin sentimiento de piedad. Poder marchar a otros lugares, o situaciones o historias. ¿Qué más quieres?
Pero, ¿dónde queda esa gente que dice abiertamente que no lee? Y que además, se sienten orgullosos de ello. Lo dicen con una gran sonrisa. Claramente es posible apreciarlo. Para ellos, los libros apestan. Son como una especie de enemigo. Pero sin duda, lo que más apesta y repugna es la ignorancia que crea un aura a su alrededor. Pero, ¡qué enferma me ponen!
Cuando alguien se niega a semejantes avances, es de intuir que jamás podrá evolucionar. Su ignorancia continuará en proceso, siguiendo.
Ahora, la semana espantosa de exámenes y trabajos se está finiquitando. Y yo ya sé qué haré cuando al fin termine. Y por fin, cuando las vacaciones de Navidad vengan.
Pero antes de crear castillos en el aire de arena de colores, he de retirarme a estudiar y comprender... las matemáticas.
Tengo una mala costumbre, y es la de hablar de p*lític* o ideas en sitios públicos. Como aquí. Pero a mí no es que me apasione esta. Y quizás soy demasiado joven como para tener unas ideas a día de hoy más que claras. Y también, quizás, no debería decirlo tan claro. Pero es que yo no creo en unas uniones de hecho, ni en la inexistencia de la sanidad y la educación pública. Yo creo en un matrimonio homosexual como en uno hetero, y en una sanidad y educación pública.
España el 20 de noviembre calló en una recesión social basada en el atraso, demasiado importante. Y pues yo me pregunto, ¿dónde está el programa electoral? Económicamente, no existe. Socialmente, sí. Llevar al país al atraso absoluto. O el coste de medicinas, de visitas al médico, privatización como balas, tres años de bachilleratos, o recortes más cortantes que la brisa nocturna invernal.
Pero cuando la catástrofe comience, ya no será necesario lamentarse. Pues esto es lo que se ha elegido.Y la única explicación posible será, no haberlos votado.
El pasado domingo 20 de noviembre estuve en la sede del PSOE. Y parecer una obsesa de estos puede dar la impresión. Pero no es así. Mi madre trabaja como asistente, y la ofrecieron ir. Y yo no dudé en asistir.
El calor era sofocante y horroroso. Pero se hizo ameno, puesto que al menos había WIFI.
Aproximadamente una hora después, subimos rápidamente a la parte de detrás de donde el Señor Rubalcaba hablaría. Esperamos unos pocos minutos, y un hombre nos decía que cuando apareciera, nos levantásemos apara aplaudir. Antes de que este apareciera, pude ver, por ejemplo, al Ministro de Educación, y demás Ministras y Ministros. Entonces, apareció ya el líder del Partido Socialista. Se produjo una extraña reacción en mí; le aplaudí con mucho ímpetu y ganas. Mientras, la gente gritaba verdades como puños. ¿Dónde está el programa electoral?, o Rubalcaba presidente.
Se dispuso a hablar, pero se veía interrumpido por continuos aplausos.
Fue gratificante tener a unos tres metros a un hombre aparentemente con ganas de ayudar, de cambiar. El que supo cómo librarnos del terrorismo.
Pero fue apoteísico ver esos penosos resultados. Basados en la creencia de mentiras más que fluorescentes, de aquellos que nos hilan la boca con puntos de ruina, atraso...
Sangro de nostalgia, hiervo de dolor, y escuece de impotencia. Mi imagen en el espejo me indica que simplemente no sé hablar, no sé oír. El mundo pasa ante mí, y yo únicamente no me percato.
Tengo miedo de que algún día abra los ojos de otra manera, y vea que a lo mejor yo no soy lo que cree.
Hay veces que es tan frío como la nieve calándose en zapatos de poca calidad. Y luego, siento que caigo en un asfalto puntiagudo. Y eso duele.
Es repetitivo. Lo he anotado como que es cíclico. La revolución de sentimientos es siempre la misma, pero nunca llega a aburrirme, sino que me abruma demasiado. Tengo los mismos miedos, las mismas sensaciones que carcomen mis entrañas, que me dejan sin sangre, que me dejan fría mirando al cielo ya oscuro y sin estrellas. No sé ni sabría donde esconderme, qué hacer, qué gritar. Porque yo necesito gritar tan alto que me quede sin voz en el primer intento.
Dicen que las personas heridas son las más peligrosas, pues saben que pueden sobrevivir. Y yo no sé si soy de esas que son peligrosas y saben sobrevivir. Yo ya no sé ni lo que he pasado. Y cuando puedo alzar la voz... es que soy tan libre... es que soy tan feliz... como aquellos que me abrazan cariñosamente. Qué bonito.
No veo el mundo como un enemigo. Este ha cambiado. He de temer a aquellos que lo han modificado. Siempre los mismos titulares, siempre las mismas muertes, siempre las mismas lágrimas.
Y siempre los mismos miedos y temores.
Comienza a haber un cambio revolucionario ante esto. Las voces ásperas me dicen tanto... qué envidia. Ellos pueden gritar. Ellos a lo mejor no temen. Y nadie deja que dejen de ser dueños de sí mismos.
Sé que siempre callo cuando menos debo. Pero es cierto que yo no quiero mirar atrás. Porque igualmente, sangra. Y duele, y escuece. Y me muerde en lo más hondo, y escava un túnel sin fin. Y ya no tengo refugio. Esos riffs no callan las voces que susurran en mi cerebro. Solo en ocasiones. Cuando caigo rendida en el colchón, y ya nada puedo hacer. Entonces, es cuando ellos hacen el ademán de ayudarme otra vez, de la misma manera que lo hicieron anteriormente cuando no pudieron, y entonces... olvido. Y seguidamente, duermo. Un sueño no demasiado apacible. Lo más apacible del día sin duda es nada más despertar. Esas escasas milésimas de segundo en las cuales nada está en mi cabeza. Pero de pronto todo vuelve, y la expresión cambia.
Y luego, todo vuelve a ser normal.
He estado esperando tanto... y la droga vino a mí. Pero esta no es tan macabra. Con tal de que no se marche, yo andaré feliz.
Mi vida preciosa... pero qué ida estás. Me sorprende la semejante manera en la cual eres capaz de entrar en ese estado psicótico sin importarte quién a tu alrededor esté. Vergüenza en ocasiones me haces pasar.
Vaya episodios paranoides... has de saber que los orcos no te persiguen, ni los centauros voladores quieren raptarte, ni los perros esqueleto darte palizas con sus huesos. Pues... simplemente, ellos no forman parte de los organismo existentes del mundo en el que tú vives. Además, tu trastorno obsesivo-compulsivo por esa ciencia es digno de ver si reír quieres un rato. Pobre de ti. Qué raro es esa pasión repentina tuya por la física cuántica. Para querer saber si de verdad las partículas se mueven de tal manera, que hasta pueden formar universos paralelos, para tener certeza sobre la existencia de esos seres fantásticos.
Visión equivocada. Otro claro síntoma de tu tan marcada psicosis. Tu perro... no es ningún esqueleto canino. Pero te empeñas tanto en que lo es...
Mi pequeña semineurótica... trastorno de múltiples personalidades, y dificultades relacionadas con la socio-afectividad. Tus cambios de humor... qué miedo. Un rato eres feliz, y otro, eres orgullosa o desdichada. Un día, te crees bella como las princesas de los cuentos. Y otros... piensas que eres horrenda, y no merecedora de ningún tipo de elogio físico. Y, en ocasiones, eres sociable. Y otras... no.
Genéricamente... eres feliz. Y eso no está mal. Estás loca. Pues no hay duda. Menudos desajustes mentales... pero en el fondo, es que eres tan tú...
Por supuesto, lo racional es totalmente ajeno a tu nombre. Me gustas tanto...
Muchos piensas que no alcanzas los mínimos intelectuales. Mas, qué equivocados están... la sangre me hierve al oír sus burlas y risas flojas e ignorantes. Tu coeficiente intelectual, nada tiene que ver con tu locura.
Pero, cuando andas con tus pasos por la calle... sombreros, ropa quizás de época, esos tacones que van al compás de tus pasos...qué tuyo es todo. Pero pienso, que cuando eres tú, ansías controlar todo lo que sobre ti respecta. Oh, mi pequeña...¡estás loca! Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están.
Ejemplo de loco catalogado como unas de las mejores personas.
Lo puedo catalogar como de lo mejor que he podido ver. Y yo, tan perezosa y vaga para ver series... sentí que necesitaba saber cómo continuaba esta preciosa historia. Claro, lo de preciosa, es subjetivo.
La pequeña Lucy se enamoró del joven Kouta. Él la trataba bien, él la hacía ver el mundo de otra manera, él la hizo sentir bien quizás por primera vez en su vida cuando le dijo lo mucho que sus cuernos le gustaban. Él, la hizo llenarse de gratitud cuando la llevó a ver los animales del zoo. Sí, lo más probable es que la pequeña Lucy nunca antes hubiera visto a ningún elefante, o a ninguna Jirafa. Pobre... bien pequeña que sintió su primer desengaño amoroso... pues Kouta dijo que cuando fuera a la feria no iría ninguna chica. Y, Lucy, vio como sus ilusiones se perdían al ver que, en efecto, había una chica. Su instinto asesino se activó brutalmente. Por lo que, con sus brazos traseros de diclonius comenzó a matar a cuan ser viviente por su lado pasase. Ya en el tren, cuando Kouta volvía a casa, allí estaba ella, y Kouta y su familia. Su ira no se hizo esperar. Primero, mató a su hermana. Cortándola en dos. Seguidamente, a su padre. Cortándole la cabeza. Todo con sus brazos de diclonius.
Años después, Lucy consiguió escapar de la cámara en la que la tenían encerrada para realizar estudios con ella. Toda amenaza humana fue aniquilada y descuartizada a su paso. Salió a la calle, y un tirador la dio en la sien. Rompiendo así, el casco que tenía, y tirándola al mar. Esto provocó una doble personalidad en ella.
A la tarde del día siguiente, apareció desnuda en la playa. Su instinto asesino se había esfumado, y tan solo sabía decir Nyu. Dos humanos la encontraron, una, llamada Yuka, y otro, llamado Kouta. Al ver a aquella joven tan indefensa, sin conocimiento de nada y sin ropas, decidieron llevarla a casa.
Poco a poco fue incorporándose en el día a día. Pero claro. Las autoridades seguían buscándola. Pues, un diclonius suelto con semejante instinto homicida, no podía andar suelto por el mundo.
Así que, el laboratorio que la estudiaba, decidió que otro diclonius inofensivo para la humanidad fuera a buscarla y capturarla. Una terrible pelea se produjo entre ellas dos. Sí, Nyu había recobrado de nuevo la personalidad de Lucy. Esto culminó son un fatídico final para Nana. Pues, sus piernas y brazos perdió. Ya era completamente inútil. Nyu volvió a casa, y todo continuaba como si nada hubiera ocurrido. Había vuelto a perder la personalidad de Lucy.
La pareja conoció a Mayu. Una pequeña niña de 14 años que fue por casualidad a su casa a devolver un paraguas perdido que tenía la dirección de la casa. Kouta y Yuka descubrieron que aquella niña era huérfana, por lo que decidieron adoparla.
Una noche, Mayu sacó de paseo a su perro Wanta. Y allí conoce a Nana. Sí, el diclonius. Pues la habían puesto unas prótesis, y su padre la había dejado escapar sin que el personal que dirigía el laboratorio se enterase.
Mayu llevó a Nana a casa, y esta, nada más ver a Nyu, se tiró sobre ella con el fin de querer matarla debido a lo que le hizo en la pelea. Pero, claro, allí no se encontraba Lucy. Sino, Nyu. Nana contó lo que de verdad ocurría con Nyu; quién era Lucy. Yuka y Kouta llegaron a comprender las razones de actuar de aquella manera de Nana, y vieron que esta no tenía realmente malas intenciones con ellos, ni con Nyu. Así que, la ofrecieron quedarse una temporada en casa.
Nyu !
Aquel laboratorio seguía con la idea de querer capturar a Lucy. Así que, se dirigieron con otra diclonius a por Lucy y Nana.
Después de aquel follón, Nyu recobró la personalidad de Lucy. Y, Kouta y ella se reconocieron de cuando eran niños. Pues, en los más hondo de sus corazones, pese a todos los años que habían pasado desde entonces, y pese a la amargura y dolor de Lucy...
''Kouta, quiero que te quedes conmigo... para siempre''.
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Gran serie, sí.
Y aunque no lo parezca, no destripo el final. Pues ni yo lo sé.
Ella es peculiar. Apenas muestra afecto por la música -nada-.
Pero otras muchas cosas la describen. Vio como una amenaza todo psiquiatra y psiquiátrico, y así lo pudo demostrar. Y jamás se equivocó. Las acusaciones que se virtieron sobre ella, tan falsas, tan sucias y repugnantes, como toneladas de petróleo sobre el mar, nunca la irritaron. Pero eso no quiere ser que ella sea tranquila, que no exista el sentimiento de enfado en ella. El maltrato a la mujer es algo que activa su instinto asesino. Episodios como, cuando intentando olvidar un amor decidió marchar al extranjero durante dos años sin darle señales de vidas a sus conocidos. Presenció en la habitación de al lado como un hombre maltrataba a su mujer. Entonces, una noche de auténtica tormenta, en la playa vio como ese pegaba a su esposa. Entre tanto revuelo por el huracán, una tabla voló sobre su cabeza. Ella, sin pensarlo, agarró la tabla, y le propinó diversos golpes en la cabeza al hombre con el fin de salvar a la mujer. Lo consiguió, y el hombre apareció muerto a la mañana siguiente en un puerto cercano. La policía fue a preguntarle si sabía algo de la repentina muerte de aquel hombre. Ella, obviamente, dijo que no. Y se despidió con un qué pena.
Amenazado que tenía a su abogado debido a una espantosa violación que grabada la tiene. De unos 90 minutos. Aquél ser vivía con un tatuaje con un mensaje despectivo sobre la barriga. Y prohibido tenía también el estar con mujeres o intentar quitarse el tatuaje. Su muerte seguro que fue una decepción para ella. Pues ella no había podido sentir el placer de matarlo.
El miedo no existía en ella.
Pero un terrible pasado seguía sus pasos como una sombra endemoniada. Demasiado celosa es con su intimidad. Pobre de ella cuando todos esos hechos salieron a la luz tras ser acusada de triple asesinato.
Los sentimientos de afectividad tampoco existían en ella. Su meta era la muerte de su padre y su hermano. Aquellos dos no eran más que meros y viles errores de la naturaleza.
Su carácter más que distante se hacía patente en todas las personas. Incluso en las que la intentaban ayudar y la querían. Más de una bofetada se habría llevado por no reaccionar.
Ella incumple la ley. Como cuando estuvo en el hospital aislada, y seguía con su Asphixia hackeando ordenadores.
Las acusaciones de aquel corrupto psiquiatra que muchos años antes la trató, no le afectaron. Solo deseaba su aniquilación. Creo que él era el más sucio y rastrero de todos.
Y... oh, casi lo olvidaba. Kalle Bloomkvist de los C*j*nes. Vino a su vida en la hora del desayuno. En realidad siempre le tuvo aprecio. Él creyó en ella. Él nunca la abandonó. Pero, ¿y tras el juicio? Mikael llamó a su puerta. Abrió la puerta y lo dejó entrar de nuevo en su vida.
Al final, nunca fueron necesarios los resultados de ninguna endoscopia, ni la visita a un gastreonterólogo especializado por experiencia en gente así. Supe controlar.
Pues aun desconozco las causas por las cuales mi estómago se transforma ocasionalmente, como un mar enfurecido capaz de tirar hasta al más virtuoso trasatlántico. Soy conocedora del por qué, pero nadie sabe las cuasas, y, por hechos obvios, tampoco saben los motivos -por qués- de las causas.
Las náuseas mañaneras hacen demasiado complicada mi evolución alimenticia. Por mí misma, he averiguado que se puede tratar de quizás una ansiedad. Los motivos por los cuales se generan no son más que... ¿cómo definirlo...? Adolescentadas. Esto corresponde a causas las cuales carecen de importancia absolutamente, y sinónimo de tonerías es. Mi cabeza lo sabe. Pero mi subconsciente, y el de mi estómago lo toman como algo serio y digno de tener tales repercusiones.
Aunque mi salvadora apareció. Unos comprimidos naturales llamados valerianas salvaron mi vida, mi día a día. He conseguido pararlo, y ahora me siento como una persona más y normal. Es decir, puedo cebarme a guarradas industriales sin temor a expulsarlo oralmente.
No es nada agradable, ni risueño. Pero otras cosas duelen más que esas. Dicen que los dolores que se producen en el interior son los que más daño hacen, y los más difíciles de olvidar. El dolor ha de proferir radiaciones, puesto que sino, el explicar cómo alguien siente dolor al ver a otra persona sufrir, no tiene casi explicación. Bueno, quizás sí la posee. La empatía.
Mas a mí empatía falta no me hizo, para que las entrañas se destrozaran al ver aquellas sinceras míseras de tus ojos caer, y con un roce sentirlas y tu dolor más que sufrir. Si arrancar carne del pecho pudieras, y buscar desearas, verías la melancolía, la histeria del sufrimiento tuyo, y cerrarlo ansiarías. Pues tanto dolor, hasta miedo que da.
La pequeña Lyer/Cherie/Shiori, recién llegada de su visita semanal al dentista, se pregunta atónita cómo ha podido cambiar de una temática referida a sus por ahora ex-problemas estomacales, a los sentimientos producidos por la (su) empatía.
Narcisista, egocéntrico, hipócrita, y a veces demasiado falso con todas ellas del mundo era yo. Todas eran para mí, pero nada era para ellas. Y eso, sin yo creerlo, un día advertí que factura me pasó.
Probé la droga. Pero no era cocaína, ni eroína, ni maría... sino, una mujer, la cual yo pensaba que iría a parar a mi lista casi interminable. Y más estupefaciente que las anteriores resultó ser. Su inminente rechazo a mi petición me hizo dudar de ella. Yo hoy creo que en mis ojos vio mi faceta de impresentable, de asesino, asqueroso...etc. Y sin conocerme, también hoy creo, que quiso vengarse. Como he dicho, ella era una droga, y cada día la ansiaba más. La necesitaba, y cuando al fin me hice con ella, vi que al día siguiente no se esfumaba de mi cabeza. Y, la necesitaba. Pero, ¿no sería más fácil olvidarme de ella? Simplemente, es que no podía. Cuando intentaba echarla de mí, me daba cuenta de que ya estaba conmigo. Pero ella no era solo mía. Sé que lo pasaba bien con algunos otros. Cuando llegaba mi turno, era lo mejor que creí haber probado en esta vida.
No sabía si la amaba, ya que ese sentimiento nunca antes lo había padecido. Pero hoy, creo que sí lo hice.
Ella era una vividora, más que yo, incluso. Tenía a su alcance lo que quisiera. Nada era demasiado para ella. Y aunque la deseaba, y en ocasiones era mía, nunca conseguí alcanzar la felicidad. Ni si quiera por un segundo. Bueno, miento. Cuando estaba conmigo, claro. Era un extraño tipo de mujer. Y quiso pagarlo conmigo.
Un día, ella se fue. Nadie sabía que había marchado. Pues loco que me volví tratando de encontrarla. Ni un adiós, pues absolutamente nada. Asumí su pérdida, y sentí el peso de las miradas llenas de gratitud y satisfacción de todas las mujeres a las que me atreví a hacer daño. Vergüenza sentí. Ni el alchool me hacía olvidar nada.
Hoy, me encuentro escuchando música. En especial, esa canción que me recuerda en cada ocasión que suena a ella. Ya no la amo. Pues eso fue hace tanto ya... Pero la droga no quise ni oírla. Y si he vuelto a tener junto a mí a alguna mujer, bien parada que salió desde entonces.
Por fin. Mi ''pesadilla'' ha dejado de existir. Pesadilla como, unas matemáticas B que me odian, y que su única labor es la de hacerme imposible la existencia. Una física (no química), aliada a la ciencia maldita antes mencionada, y que de lejos la veía maquinando mi suspenso más que asegurado, con sus fórmulas astrofísicas, y leyes sobre la fuerza y gravedad. Pero dejo en parte, de lado a mi biología. Esta es la única que me apreciaba, con sus bellos conocimientos sobre genética, teoría celular...etc. Sí, en efecto, la biología es una de mis asignaturas preferidas, y digo que la dejo en parte, (solo en parte), ya que continuaré estudiándola por cuenta propia. Sé que para mis futuros estudios me será útil y no me arrepentiré.
Echaré de menos a mis compañeros... en especial, a unos pocos. Mis pocas ilusiones por entrar en ciencias se basaban en ellos; en que estaríamos en la misma clase, sí. Ahora, siento pena por dejarlos en aquel sin fin infernal lleno de números, agobios, y exámenes científicos, mientras que yo escapo para adentrarme de lleno en el bonito mundo de las letras, al que siempre he pertenecido.
Ahora, me encuentro maquinando la tortura y muerte de mis matemáticas B. Pero mi código ético estalla, y afirma señalando, que no puedo hacerle daño a un libro.
Era algo incómodo. Nunca me agració la idea de que dijeran que somos de ciencias, y, por supuesto, yo iba incluida. Y es que yo nunca me sentí como tal. Para mí la frase, era tal que así: ''Como sois de ciencias...''. Hubo ocasiones en las cuales me sentí una persona ajena a mis compañeros y sus ideas sobre lo que habían decidido estar estudiando.
Y pareceré demasiado idiota por haber elegido una opción tan rara para mí. Pero el día que marqué la opción A, estaba absolutamente segura de que yo quería eso. Y todavía lo quiero, pero de otra manera. Estudiarlo por mi cuenta. Sí, las ciencias en ese aspecto, me gustan. Pero verdaderamente, lo mío siempre ha sido y será las letras.