Verba volant, scripta manent.

martes, 29 de noviembre de 2011

Hola, libros.

Esta fatídica semana de exámenes por suerte se está terminando. Mañana simplemente queda un molesto examen de esas matemáticas.
Supuestamente, hay que ir madurando. Y madurar implica centrarse en lo que es importante, como aprobar exámenes. Para eso, obviamente hay que dejar de lado diversas cosas. Entre ellas, está leer. 
Leer es una de aquellas cosas adictivas, que siempre están cuando más se necesita. Podría ser comparable a un amigo. A veces, los problemas carcomen la cabeza, y la mente, y controlan el día a día sin sentimiento de piedad. Poder marchar a otros lugares, o situaciones o historias. ¿Qué más quieres?
Pero, ¿dónde queda esa gente que dice abiertamente que no lee? Y que además, se sienten orgullosos de ello. Lo dicen con una gran sonrisa. Claramente es posible apreciarlo. Para ellos, los libros apestan. Son como una especie de enemigo. Pero sin duda, lo que más apesta y repugna es la ignorancia que crea un aura a su alrededor. Pero, ¡qué enferma me ponen!
Cuando alguien se niega a semejantes avances, es de intuir que jamás podrá evolucionar. Su ignorancia continuará en proceso, siguiendo.

Ahora, la semana espantosa de exámenes y trabajos se está finiquitando. Y yo ya sé qué haré cuando al fin termine. Y por fin, cuando las vacaciones de Navidad vengan. 
Pero antes de crear castillos en el aire de arena de colores, he de retirarme a estudiar y comprender... las matemáticas.


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