Verba volant, scripta manent.

viernes, 26 de octubre de 2012

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Respiraba fuerte. Inconfundible en lugares cerrados.





Olvidé cómo utilizar el teléfono. Tanto tiempo de desglobalización y marginación dan para mucho. Pero nunca perdí las ganas. Ni las letras. Que se vinieron con mi cabeza hasta los confines.

Miraba hacia arriba y la luz le molestaba al tiempo que le cegaba. Claro. Humano tenía que ser. De qué se quejaría. Pues no, se empeñó el saberlo.

Ayer me olvidé la chaqueta.

Mañana comienza otro día.




La poesía ha ido evolucionando junto con el lenguaje. Por suerte, su esencia se mantiene.

Pensamientos sueltos vagan por un mar de color indefinible hundiéndose hasta no tocar fondo. Realmente, siempre han estado en la superficie.













Fue el héroe que a todos salvó. Ahora ha desaparecido, pero yo sé que se encuentra entre nosotros.

La pequeña reina de las nieves me pertenece
ella es como yo
la pequeña reina de piel blanca no viene
ella ha querido irse.
La pequeña siempre será mía
mientras forma curvas exponenciales con su boca.


No es como Pármeno, quien irónicamente significa el que permanece. Sigue aquí sin alejarse.








Los escritos herméticos como los de Juan Ramón Giménez se aferran como garrapatas en celo, al alma, al mar multicolor descolorado. 
Producen mucho. 
Se desnudan, me muestran su sensualidad y su erotismo en forma de belleza insípida apenas visible, los escritos herméticos.
Simples y no comprensibles. Caminan de la mano de la paradoja, quien con sus contradicciones intenta  confundirnos. Qué personificada apareces en estas líneas.

viernes, 19 de octubre de 2012

##.

En esta vida de globalización social, me di cuenta de que la hipocresía reinaba por su asistencia continua. 
¡Maldita codicia! ¡Maldita obsesión por ser reconocido entre los demás, por el minuto de gloria! Qué asqueo. Me alejo, me aparto.

El estrés, la hora justa, ¡que no llego! 












Y ves cómo se yonquilizan e inmortalizan esos momentos alcohólicos y nicotínicos. Qué asco. Sexo sin placer, solo para aparentar. Besos sin pasión, solo para reír y comentar. Beber, beber, ¡pues la vejiga estallará de  tanto soportar líquido ebrio! 
Cuerpos esculturales que se destrozan por la patosidad del torpe andar. Vestidos ensuciados de la enfermedad social, que vomita sobre los seres que no saben controlar.

Aquellos que hacen daño para reír. Entre ellos murmura un aura de origen desconocido. Qué mal. Solo son humanos. Demasiados humanos, pocas personas. Duele. ¿Dónde quedaron las moralejas de las grandes obras?
Si Jorge Manrique viera, vería que esto es peor que los tocados y vestidos que tanto criticaba. ¡Pobre de aquel que exaltaba la figura de su tan querido padre! ¡De aquel que asimiló la muerte tan naturalmente como la vida misma! ¡Oh, pobre desgraciado! Mas no despiertes, pues te asustarías.

...

Y ahora dejo los retoricismos para felicitar a Fer, que hoy es su cumple 17.
No sé qué decirle exactamente. Felicidades, que te lo pases bien... ¡ay! ¡Demasiadas cosas!
Ya le he felicitado felizmente por skype, y yo la verdad es que debo apagar ya el ordenador. Así que, de nuevo, felicidades.
Se dice te quiero, ¿verdad? <3 You know.

Hasta la próxima, lectores. Espero que este espacio haya quedado saciado para al menos unos cuantos días.

viernes, 12 de octubre de 2012

Mi suerte.

Por supuesto, mi mala suerte.
Desde que empecé este nuevo curso, prácticamente todo me ha salido mal.
Para empezar, los primeros días de clases -no recuerdo exactamente qué día- me encuentro con que mi goma de borrar está troceada y el bote de minas vacío. Conclusión: algún hijo de ogra abrió mi estuche y la cagó. Puedo asegurar que si hubiera visto quién fue le hubiera cortado las gónadas testiculares con la regla. 

Segundo, viernes, día no sé qué, 4º hora, Historia, examen del Antiguo Régimen. ''Es un examen que no da tiempo''. Pues me cago en los cimientos de Ventormenta, tengo que ir rápido. Me fastidió demasiado, porque la primera pregunta me la sabía súper genial, y la dejé sin desarrollar por seguir con el examen. Además, en cada pregunta venía un texto y había de que decir brevemente sobre qué trataba, y eso es un jodido coñazo, pero es lo que hay y no debo quejarme. 
Y así sucesivamente. Tengo la cosa de que si un examen no me sale bien desde el principio, pienso que voy a suspender y que me está saliendo mal. Muchas veces me he equivocado, pero esa vez no. NOTA: 4. Y en mi fuero interno se desató una sangrienta guerra. 

Primer trabajo de Lengua: TODO MAL. ''Esto es un trabajo perdido para mí debido a los numerosos errores, ausencia de datos y bla bla bla''. Me deprimí demasiado, como ahora mismo. Aunque me subió 0,25. Eso me hizo recomponerme algo.

Día no sé qué, examen de Informática. Me salió bien, la verdad. Menos el estúpido ejercicio de pasar Mb a  bit. Y como intervienen números, lo dejé sin hacer porque no me salía. Eso sí, como no lo haya aprobado .... ... ... ... Pero estoy segura de que eso no ha pasado. Me salió bien.

Y por último, el nefasto trabajo sobre Celestina. Espero que no venga la vieja por la noche a mi casa y me mate con su brujería por, aparentemente, haber hecho tan mal el trabajo sobe ella. Vivo con miedo.
Pero lo peor ha sido ver el trabajo corregido y con las aclaraciones. Eso sí que ha sido deprimente. Sobretodo los comentarios que ha puesto.

¡Ah! Lo olvidaba. Algún otro hijo de ogra me robó el libro de Filosofía. Sí, esos libros de texto que cuestan un pastón. A la orca que merece irse. Qué fin de semana más malo pasé pensando quién podría ser, o dónde podría haber dejado el libro. Y no, no ha aparecido.

Por ahora, nada más. Lo único bueno fueron unas actividades que había que entregar de Filosofía, en las que saqué una nota buenamente aceptable. 
Y como diga que he hecho mal el trabajito de Amadeus, no sé qué pasará. ¡No sé qué pasará!

Y con esta entrada tan basta, muy distinta de mi estilo habitual, me despido cargando con mi bajón sobre los hombros.

sábado, 6 de octubre de 2012

Monotonía

Y te cansas.
Siempre lo mismo.
Despertarse, mirar la hora, levantarse, vestirse, tomar vaso de leche, coger el bocadillo para el recreo, mirar que está todos los libros, ponerse la chaqueta, coger la mochila y llaves, despedirse, bajar por el ascensor, esperar el autobús. 
Siempre lo mismo.
Muchas acciones que realmente se reúnen en una única cosa, se reúnen en la monotonía diaria de cada día. Nada nuevo pasa.
Volver, comer, hacer deberes, ordenador, cenar, ir a la cama.
Y siempre lo mismo.
Deprime el mero hecho de pensar en lo que va a pasar. Porque aburre tanto... Es tan deprimente... Es tan monótono...
Muchos se han acostumbrado a estar día a día frente a un ordenador en una oficina, otros a limpiar el mismo portal, los mismos pasillos, y otros a tener a aguantar el no tener trabajo ni nada de lo que vivir y, por tanto, una angustia diaria, una angustia monótona.
Y te cansas.
Y es lo que toca, según dicen muchos. Pero es tan aburrido y tan deprimente...
Pero llega la alegría del viernes, que realmente se basa en poder salir, en poder cambiar, en poder hacer algo diferente. Y la depresión de los domingos por la tarde no es más que un rechazo hacia lo que se avecina, hacia ese aburrimiento que se comprime en cinco días. Cinco días haciendo los mismo, sin cambiar, sin tener en nada en lo que pensar porque simplemente no ha pasado nada.
Una vida de novela. Esas páginas con símbolos escritos que cuentan tantas cosas, que hacen que la mente pueda evadirse hacia lo que pone. Qué diversión, y entonces es cuando pasa algo diferente, y cuando se puede pensar en algo, puesto que en esas páginas de ese libro se esconde una gran historia.
Y no solo evaden de la monotonía, sino del dolor hacia algo, o la preocupación. Y lo mejor, es que en algún diálogo de algún personaje se pueden encontrar respuestas hacia alguna pregunta que inquiete. Magnífico.
Y entonces, la monotonía del día a día se queda un poquito, solo un poquito de lado. 
Pero eso no quiere decir que se haya ido.
Y te cansas.
Y te hartas del día a día.