Al final, nunca fueron necesarios los resultados de ninguna endoscopia, ni la visita a un gastreonterólogo especializado por experiencia en gente así. Supe controlar.
Pues aun desconozco las causas por las cuales mi estómago se transforma ocasionalmente, como un mar enfurecido capaz de tirar hasta al más virtuoso trasatlántico. Soy conocedora del por qué, pero nadie sabe las cuasas, y, por hechos obvios, tampoco saben los motivos -por qués- de las causas.
Las náuseas mañaneras hacen demasiado complicada mi evolución alimenticia. Por mí misma, he averiguado que se puede tratar de quizás una ansiedad. Los motivos por los cuales se generan no son más que... ¿cómo definirlo...? Adolescentadas. Esto corresponde a causas las cuales carecen de importancia absolutamente, y sinónimo de tonerías es. Mi cabeza lo sabe. Pero mi subconsciente, y el de mi estómago lo toman como algo serio y digno de tener tales repercusiones.
Aunque mi salvadora apareció. Unos comprimidos naturales llamados valerianas salvaron mi vida, mi día a día. He conseguido pararlo, y ahora me siento como una persona más y normal. Es decir, puedo cebarme a guarradas industriales sin temor a expulsarlo oralmente.
No es nada agradable, ni risueño. Pero otras cosas duelen más que esas. Dicen que los dolores que se producen en el interior son los que más daño hacen, y los más difíciles de olvidar. El dolor ha de proferir radiaciones, puesto que sino, el explicar cómo alguien siente dolor al ver a otra persona sufrir, no tiene casi explicación. Bueno, quizás sí la posee. La empatía.
Mas a mí empatía falta no me hizo, para que las entrañas se destrozaran al ver aquellas sinceras míseras de tus ojos caer, y con un roce sentirlas y tu dolor más que sufrir. Si arrancar carne del pecho pudieras, y buscar desearas, verías la melancolía, la histeria del sufrimiento tuyo, y cerrarlo ansiarías. Pues tanto dolor, hasta miedo que da.
La pequeña Lyer/Cherie/Shiori, recién llegada de su visita semanal al dentista, se pregunta atónita cómo ha podido cambiar de una temática referida a sus por ahora ex-problemas estomacales, a los sentimientos producidos por la (su) empatía.
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Ya, yo también me he quedado un poco descolocado ante el cambio repentino y radical de tema.
ResponderEliminar¿Nervios y estómago? Estás hablando con el experto número uno. El estrés, la ansiedad, siempre me atacan en el mismo sitio, el estómago. Es todo mental, en cuanto aprendes a controlar los nervios, se acabaron las molestias, ya verás.