Verba volant, scripta manent.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Jäilbreak parte 9.

[...] Jäilbreak dejó la espada a un lado y se dedicó a curar. Había algo en ella que le decía que esta batalla iba a salir mal para la muerte. 
De vez en cuando usaba sus ataques de sacerdotisa, pero se dedicó en todo lo que pudo a curar. 
Hubo un momento en el que la batalla se paró, y fue cuando el humano Tirion le gritó a Darion Mograine que su padre sentiría vergüenza al ver en lo que se ha convertido. De repente, la figura de su padre apareció y fue un momento muy emotivo para él que le hizo cambiar totalmente de opinión y su visión del mundo. Dejó la muerte a un lado, y se alió con Tirion para derrotar al Rey Exánime. Desde ese momento, la batalla contra los caballeros de la Luz estaba más que perdida pese a que en ese instante apareciera Arthas. Se produjo una breve lucha entre el humano y el Rey, pero este último abandonó la pelea y volvió al Bastión de Acherus.
Muchos caballeros de la muerte se aliaron con Tirion sin pensárselo, y otros muchos, al igual que Jäilbreak, se vieron obligados a hacerlo pese a no tenerlo decidido. Los pocos restantes decidieron seguir al lado de Arthas.

Jäilbreak se acercó al lobo todo lo que pudo para no perderlo ni un momento, y junto con los demás, se marchó de Tierras de la Peste con Tirion y los demás caballeros de la Luz para organizar el fin del Rey Exánime.
Realmente la sacerdotisa no quería acabar con Arthas. En su opinión, una solución mejor sería arrebatarle y destruir esa preciosa y azulísima, pero a su vez maligna espada que corrompió el alma del jovencísimo Rey.

Ahora más que nunca debería preocuparse por tener la cara totalmente tapada con aquella capucha para que su identidad no fuera descubierta. No quería ni pensar lo que esos humanos de los que tanto desconfiaba podrían hacer con ella si la vieran la cara; los humanos detestaban y aborrecían a los no-muertos. Pero se había sentido obligada, e incluso más que eso; arrastrada por Tirion a marcharse del lado del Rey Exánime. 

Como siempre, permanecía callada. Aunque no se fuera a negar, no quería saber nada de la muerte de Arthas.

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