[...] Le preguntaron quién era y no supo responder. La capucha aún cubría su cara. Estaba realmente nerviosa, pues estaba rodeada de numerosos humanos que podían deshuesarla de un momento a otro si quisieran.
Uno de ellos, cansado de no recibir respuesta por parte de Jäilbreak, le retiró la capucha, y todos se sorprendieron al ver esos ojos amarillos, esa piel azulada y ese pelo como la paja.
Sin dejar reaccionar a los humanos, la no-muerta alzó sus manos y atacó al primero que vio. Los demás fueron víctima de un ataque que los hacía huir durante unos segundos. Mientras terminaba con la primera víctima, unas patas ganchudas y huesudas cogieron a Jäilbreak y al lobo. Ascendieron a tal altura, que ni los cazadores eran capaces de alcanzarlos con sus flechas. La no-muerta estaba más pendiente de su amigo animal que de sí misma, y no dejaba de preguntarse si le dolería demasiado cómo le estaba sujetando esa pata de huesos.
A lo mejor alguna civilización de no-muertos los había visto y los habían rescatado de aquellos humanos. El dejar por fin a un lado la soledad le agradaba. Pero no fue así.
El animal volador se posó sobre una enorme plataforma situada en el aire, el Bastión de Acherus y allí los dejó a los dos. Nada más llegar, la no-muerta cubrió su rostro con la capucha. Miró a su alrededor mientras se aseguraba de que el lobo estaba bien.
Oyó unos marcados pasos. Provenían de alguien vestido con una armadura de negra compuesta por grandes plateadas con calaveras marcadas. Llevaba unas botas bien preparadas para soportar gélidas temperaturas. Gélidas... abrió sus ojos. Algo se alarmó en su interior. Mientras veía cómo aquel poderoso ente se acercaba a ella, distinguió a los lados de su peculiar yelmo -el cual le tapaba todo el rostro- pelo. Esa persona tenía el pelo largo y blanco como el hueso. Al ver ese pelo, no tuvo la más mínima duda, pues supo que el destino de su eternidad le había hecho reencontrarse con Arthas, el Caballero de la Muerte. Tuvo miedo, y se acercó aún más al lobo.
Se presentó como el Rey Exánime. ¿Rey Exánime? ¿Qué había pasado en todos estos años? ¿ Sylvannas no le había dado muerte? Veía que no. Su voz era profunda, sepulcral. Jäilbreak, y de sus ojos irradiaba un colo azul; sabía que algo en él había cambiado. Y malos recuerdos le daban esa Agonía de Escarcha que seguía portando con tanto entusiasmo.
Cuando se encontraba enfrente de ella, más cerca que nunca, este le quitó la capucha, y, pese a no poder ver su rostro, ella supo que estaba sorprendido. Inconscientemente, alzó sus manos para defenderse como hacía desde hacía años cada vez que alguien se sorprendía de esa manera al verla. Pero él no se quedó parado, y la apuntó con su espada. Aquel azul la seguía aterrorizando. Bajó la espada a la vez que la no-muerta sus manos.
El Rey comenzó a hablar, y esta no se creía lo que decía. No sentía ningún rencor hacia ella, pues había vuelto con él, pero esta vez, de una manera diferente. No le privaría de su voluntad, y juntos, con más caballeros, podrían construir un mundo solo para ellos. Pudo percibir la emoción en sus palabras, emoción que ella no entendía, pues eso de dominar el mundo siempre le había parecido una tontería y nunca le había prestado demasiada atención. Jäilbrek aceptó, pero dijo que a cambio el lobo iría con ella. El Rey aceptó. Le dijo que en muy poco comenzaría sus misiones destinadas a la construcción de un nuevo mundo.
Jäilbreak sintió que la soledad se había eliminado en ella, que ahora su vida tomaba con rumbo con sentido. Todo cuanto hiciera tendría sentido por fin.
Miró a aquel Rey, y en su pútrido corazón había un sentimiento que sabía perfectamente que no debía sentir, y mucho menos tratándose de la persona que la llevó a la propia muerte a ella y a toda su ciudad. Pero de nuevo, todo tenía sentido.
La no-muerta miró hacia atrás, y pudo ver que aquel animal que los había llevado por los aires, era un hipigrifo. Muerto.
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