Verba volant, scripta manent.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 1.

Jäilbreak, cuyo hogar se encontraba por los verdes e idealizados jardines de Quel'Thalas antes de adentrarse en la obligada no-muerte. Por aquel entonces, no había nada que pudiera alterar la elegancia y belleza de aquellos territorios, nada, hasta el momento, había conseguido apestar semejante hermosura llena de verde.
Jäilbreak no pertenecía a esos sacerdotes que se encargaban de sanar lesiones. Ella pertenecía a aquellos que hacían daño, pero nunca con un fin siniestro, pues su intención era perpetuar la seguridad de los elfos y de sus tan cuidados territorios. Pertenecía a aquellos sacerdotes denominados sacerdotes de las sombras. 

Un día, todo se torció; se alertó de que una oleada de muertos vivientes llamados ''no-muertos'' estaban arrasando con toda vida que se topaba por su camino. Eran muertos andantes sin voluntad, que estaban manejados por un llamado caballero de la muerte, Arthas, quien había sido en su día príncipe de Lordaeron, ciudad principal de La Alianza, y sucesor del trono. Se decía que había emprendido un viaje para acabar con aquella terrible peste de no-muertos, pero al volver ya no era el mismo. Portaba una poderosa espada de un azul precioso, la misma con la que mató a su padre destronándolo. Seguidamente, mató a todas las personas que habitaban en Lordaeron, consumiendo sus almas con aquel arma, la Agonía de Escarcha. Lo peor era que una vez revividas esas personas, iban a formar parte de su numeroso ejército, por lo que este iba haciéndose más y más grande. 
Se tomaron medidas drásticas y extremas, todas las puertas de Quel'Thalas fueron cerradas con la magia más poderosa para impedir que Arthas y sus no-muertos se adentraran en la ciudad, acabaran con todos, y todas esas inocentes personas fueran a formar parte de esas tropas terribles.

Jäilbreak intensificó su entrenamiento, e incluso se especializó en la sanación, ya que era una sacerdotisa.
Horas y horas eran dedicadas al entrenamiento, para poder acabar con aquellos no-muertos y darles la paz que se merecían en la muerte, y sobretodo, poder derrocar a Arthas.
Sus tropas no deberían poder entrar debido a la poderosa magia con la que estaban cerradas las puertas, pero los elfos tenían que barajar todas las posibilidades, por lo que, si por algún casual conseguían entrar, tenían que estar preparados para el ataque, y sobretodo para la Agonía de Escarcha que portaba aquel caballero de la muerte.

Todo pilló por sorpresa, pero eso no impidió que la Forestal Sylvanas Brisaveloz, la mejor arquera, perdiera la guardia. Ella  estaba dispuesta a frenar a aquel caballero que había acabado con la vida de su propio padre, de la gente que habitó Lordaeron y confió en él. Y la arquera no estaba dispuesta  a que eso ocurriese en Quel'Thalas.

Las vagas y torpes pisadas de los no-muertos se oían en la lejanía, junto con el trote de Invencible, el tan amado y muerto en vida caballo de Arthas.

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