Verba volant, scripta manent.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 2.

[...] La Forestal y su ejército de elfos salieron fuera de lo que conformaba Lunargenta, para enfrentarse al caballero y sobretodo, proteger en todo momento a la gente que allí dentro se encontraba.

Jäilbreak enfilaba las últimas filas de aquel numeroso ejército. Se decidió que los más inexpertos se pusieran atrás del todo por si por alguna razón tenían que abandonar la batalla les pudiera resultar más sencillo, aunque realmente eso no servía de mucho, puesto que una vez que comenzara la batalla se desharían todas las filas.
La sacerdotisa, cada vez más muerta del asco por el hedor que aquellos no-muertos desprendían desde la lejanía, repasó mentalmente todos y cada uno de los entrenamientos hasta el momento. Miró hacia atrás, contemplando las puertas que cerraban la ciudad de Lunargenta, aparantemente, con la magia más poderosa. Pero había algo en ella que no le daba demasiada seguridad, pese a que fuera imposible para Arthas encontrar la llave de la segunda puerta.

Cuando se aproximaron, comenzó el discurso del caballero de la muerte. La batalla comenzó casi sin avisar, de forma desprevenida, y la Forestal se centró exclusivamente en Arthas.

Jäilbreak corrió hacia atrás del todo, sanando a sus compañeros, y atacando a los realmente frágiles y estúpidos necrófagos que intentaban dañarla. No pudieron hacer nada contra la tortura mental que tantas veces había entrenado única y exclusivamente para esa gran pelea. Hasta el momento todo era sencillo, pero a medida que avanzaba la batalla, vio cómo elfos morían y al instante despertaban convertidos en pútridos seres sin voluntad y sin mente. Al ver semejantes imágenes, Jäilbreak dejó a un lado los ataques de daño, y se centró en sanar todo lo que podía a sus compañeros. Cada vez era más difícil, cada vez más elfos se levantaban convirtiéndose en títeres de guerra manejados a la merced del caballero de la muerte.
Jäilbreak pudo divisar a los lejos a Arthas, viendo cómo intentaba acabar con la vida de Sylvanas. Se centró de nuevo en lo que le incumbía a ella, y mató a todos los necrófagos que pudo, incluso a elfos que amigos suyos fueron en vida. Era... doloroso. Sanar y atacar, y viceversa. Pero no todo fue tan sencillo.
El caballero de la muerte se aproximó a ella, y esta intentó huir, pero los no-muertos y los elfos que continuaban luchando se lo impedían. Se sanó a sí misma todo lo que pudo, pero no fue suficiente cuando tres no-muertos la atacaron a la vez. Mientras torturaba mentalmente a uno de ellos, la figura de Arthas se acercó a ella rematándola con aquella fría espada. Lo miró mientras alzó las manos hacia él para atacarlo y defenderse. Pero no fue suficiente. Al igual que tampoco lo fue para sus compañeros que al igual que ella, habían caído en batalla. Murió divisando el rostro del joven caballero.

Dejó de sentir, de pensar, de recordar, de ser.

Pero su destino no era el eterno descanso. Y algo hizo que sus ojos se abrieran. Tiempo después. Lo suficiente.

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