Verba volant, scripta manent.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Jäilbreak parte 4.

[...] Llegaron a Lordearon tras un largo camino, y esta vez sin discurso y sin aviso como en las otras ocasiones, comenzó la matanza. Estos humanos estaban preparados para el ataque, aunque muchos sabían que no iban a poder hacer nada. Realmente se equivocaron, Arthas, en medio de la gran batalla que se desató, sintió un gran dolor. Le hablaba el Rey Exánime. Le dijo que debía volver a Rasganorte, pues sus poderes estaban empezando a decaer, y lo irían haciendo cada vez más hasta llegar al punto de agotarse del todo si no volvía pronto. Como consecuencia, perdió el control de la mayoría de su ejército, por lo que algunos necrófagos se volvieron contra él controlados por otro poder. Otros muchos, recuperaron de nuevo su voluntad, como Jäilbreak o Sylvanas. 
Cuando la sacerdotisa vio que por fin podía mirar a donde quería, que podía caminar al ritmo que quisiera, y que dejó de pelear de repente, fue consciente de que había vuelto a tener voluntad propia. Miró a su alrededor, y divisó al caballero luchar contra sus propios no-muertos, contra aquellos que él mismo creó. Apartó la mirada de él, y salió corriendo todo lo que pudo hasta llegar a las afueras de la ciudad y adentrarse en los bosques de Claros de Trisfal. Vio cómo muchos otros no-muertos huían hacia la misma dirección, y cómo las almas en pena buscaban sus cuerpos muertos para luego escapar también.

Tras un descanso en lo más hondo del bosque, vio de repente al caballero de la muerte. No iba solo. Jäilbreak, presa del miedo y del deseo de no volver a ser un títere, se escondió tras un espeso arbusto.  Contempló al príncipe sufrir de nuevo esos tremendos dolores que había padecido en la pelea. De nuevo, era el Rey Exánime. Y Arthas decidió dejar la batalla. Pero apareció Sylvanas -ya había recuperado su cuerpo-, y entonces el caballero se dio cuenta de que había sido víctima de un engaño; las almas en pena con las que se había dirigido hacia el bosque lo habían engañado para que Sylvanaas pudiera darle muerte en ese mismo lugar. Primero, la Forestal le lanzó una flecha que hizo que su cuerpo se fuera paralizando. Y justo cuando se disponía a lanzarle la flecha definitiva... el único no-muerto con voluntad propia que había enfilado su ejército, Kel' Thuzad, cogió a Arthas y huyeron rápidamente, diciendo que ese no sería el día en el que el caballero moriría. Sylvanas se fue frustrada junto con aquellas almas, y Jäilbreak pasado un rato salió de su ''escondite''. 

Su piel era blanca y ligeramente azulada, y debajo de su ropa pudo ver algunas partes de sus huesos. Sus ojos habían adquirido un color amarillo, y su pelo ya no era pelo, era algo así como paja; áspero, duro, y negro con mechones blancos. Pero era un blanco sucio. Aquella gloriosa elfa se había convertido en una no-muerta fría y azul, a la cual, literalmente, se le veían los huesos.
Ya era libre, pero no tenía a nadie. Decidió probar sus dotes como sacerdotisa, y se reconfortó al ver que seguía teniendo sus conocimientos. Se comió el cadáver del inocente lobo al que había matado al probar sus poderes. Muchos días sin alimentarse. Ahora era inmortal, pero si no comía se debilitaría. 

Decidió quedarse en ese bosque muerto mientras pensaba qué haría con su vida. O más bien, con su no-muerte.

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