Verba volant, scripta manent.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Morituri te salutant.

El cielo me indica que pasa el tiempo, pues miro atrás y mi corazón empuja en lo más fondo del pecho, haciéndome derramar saladas porque me hace recordar. Me hace mirar hacia atrás.

Yo no sé qué ocurre, pues el corazón es enamoradizo, morboso y pasional. 

Sé que no te voy a olvidar.

Quiere probar, desea. Pero la racionalidad... ¡la racionalidad! Le impide realizar sus deseos, aquellos que mis vísceras y entrañas también desean. La racionalidad, y lo moralmente impuesto constituyen lo que para Platón las leyes en el Estado.

Te veo marchar...

Sé que no te voy a olvidar.

Estos escuchan las más tristes, las que hacen que el corazón se vaya aún más hacia el fondo. Quiero gritar, quiero tirarlo todo, quiero salir y correr, quiero buscarte... quiero satisfacer a este bipolar corazón. Pero por qué es tan difícil si se puede... Acacia, dime por qué....

Sé que no te voy a olvidar.

¿Amor? ¿Quién dijo amor? ¿Desde cuándo? ¡Oh, el amor ya...! Sí.

Porque la curiosidad es aquello que caracteriza al hombre como lo que más, y más en la peligrosa y caprichosa juventud. Cuánto terror....

Te veo marchar...

Mi mente visualizó el momento, y mi mente maldijo la casualidad. ¡La casualidad que el maldito destino impuso!

Escucha, Acacia, es tan difícil porque el amor se interpone. Pero esta vez lo hiciste bien, así que sonríe aunque te cueste cuando miras por la ventana, porque el culminante momento se está acercando, aquel que te hace recordar, querer gritar, llorar, hacerlo, satisfacer... Pero tranquila.

Quédate conmigo.

Oh, no, no pueden salir... sería tan malo, algo así como penoso...

Sé que no te voy a olvidar.

Acacia, tú misma sabes que esto pasa, que no es más que el tiempo, porque el tiempo, como dijeron aquellos de Grecia, es el médico de todos los dolores. El tiempo es el médico del dolor. Eso dijeron.
La otra vez pudiste soportar el cataclismo de sentimientos revueltos, el choque de deseos, el deseo de desmoronar, lo que comparaste con los cimientos del conocimiento, con el imperio del gran César... Tú puedes.

Te veo marchar...

Pero es que, Miss Acacia, ,lo miras, y fue tan bonito... tan mágico, tan deseado... tan... simple.
Sin  explicación, sin palabra alguna, porque algo tan sumamente bello, algo procedente del deseo y que al fin se cumple no tiene si quiera palabras para poder describirse.
¡Cuánto deseo! ¡Por fin! Pero, por qué... ¡Por qué terminó! Las sonrisas del ayer son las lágrimas de hoy. 

Pero recuerda, los cimientos del conocimiento que el filósofo tanto ama nunca se desmoronaron, ni el Imperio del gran César pese a que muchos dijeran que por el IV a.C empezó a acabar. Si ellos resistieron, tú también, Miss Acacia. Has de saber el corazón es caprichoso, que su faceta oscura es la más mortal de todas, porque éste posee la habilidad de controlar, ¡de controlar! Algo tan lejano para el hombre común y corriente que son todos.

Quédate conmigo.

La hora se acerca. Sobrevive, no llores. No llores, Miss Acacia, esta vez no p...













Siempre pensativa, Miss Acacia.
Siempre pensativa.



lunes, 15 de julio de 2013

Despedida temporal.

Irse de vacaciones trae cosas como estas; como que no pueda escribir hasta dentro de unos días.

Poco más que decir, a eso del 31 de julio esto volverá a renacer, como los caídos del Rey Exánime. Con la diferencia de que, este blog, jamás ha muerto ni lo hará.

domingo, 14 de julio de 2013

Rex Exanimis.

El Trono Helado que tanto lo estaba esperando lo recibió como el rey que era. 
Arthas, el Rey Exánime que era, soñó, durmió y esperó.
En el instante justo antes del reencuentro con la realidad material y ya no metafísica, mató al niño que seguía viviendo en su alma, el cual, si no hubiera sido ejecutado por la azulísma espada, seguiría habitando en lo más profundo. El Rey Exánime decidió cargar con su anterior, decidiendo que esta vez  él mismo sería quien tomaría las riendas de su vida, sin tener que oír las órdenes de otros como antaño había ocurrido.

Jaina... Padre...
Mas, júrale a los ojos de café si de verdad dejaste de amarlos, de amarla, de besarla. ¡Júralo, gobernador de lo exánime! Sabes que no, que el corazón es retorcido, que ni con el más tóxico insecticida se le consigue eliminar, ni los sentimientos ni recuerdos que de él emanan, cual neblina de la Agonía de Escarcha.
La amas.

Abrió los ojos. Ya no eran los mismos. Aquellos que estuvieron bajo su yugo o que así lo sintieron, lo supieron. No estaban en el Trono Helado, ni próximos, pero lo supieron. Todos aquellos que alguna vez habían sentido a Arthas lo supieron, claro que lo supieron.
El Rey exánime había despertado.
Sylvanas lo supo, y en Theramore también lo supieron. 
Theramore. J...

Las tinieblas lo habían conseguido, habían salido gloriosas en el primero asalto.
Y lo supo. Lo supo mientras soñaba, mientras veía el futuro y el presente, lo supo perfectamente. Había conseguido ver aquello que ocurriría en su vida.
Pero el Rey Exánime estaba más preparado que nunca, con más poder que antes, y con nuevos súbditos gloriosos que no eran tan simples como los otros.

Díselo, Rey, júralo. Mas sabes que no, que allí se encuentra, te atormenta el corazón sus nuevos sentimientos. Te escondes bajo un manto de maldad. Claro que no es demasiado tarde; para el corazón nunca es demasiado tarde, el corazón nunca considera demasiado tarde seguir amando.
Lo sabes.

Entonces, cuando el Rey Exánime se levantó del trono, la voz de su difunto padre pareció formar parte del gélido y  cortante aire de Rasganorte.
''Hijo mío, el día que en naciste, hasta los bosques de Lordaeron susurraron tu nombre... Arthas''.



lunes, 8 de julio de 2013

.-# Miss Acacia, otra vez . . .

Su dolor alcanzó unos límites en los que no sabía su rumbo,  qué hacer, sólo miraba, pensaba, imaginaba y volvía a ser cual aquel que sabe que va a morir.








                                 .     .                 .

Como el llano natural que expira dolor por vuestra escasez poética ante lo predestinado, como la plata abundante que duele igualmente por el tiempo cobarde, como... qué más.
El genocidio filosófico al contemplar la ignorancia en los pilares del universo, como un imperio cayendo...
¡Oh, César! ¡Si vieras las grietas de mi alma, temblarías ante la idea de perderlo todo de tu imperio, oh, César! 



Pero es todo tan interno... imposible de exteriorizar con palabras, sólo sus ojos mirando sabían hablar, y, malditos ojos, si hubiéseis hablado más de la cuenta... quién sabe dónde... ¡dónde...!
A veces una cosa, a veces otra, oh...





Confuso, doloroso, encerrado en paredes de cristales.


La impotencia del momento, al ver que se acababa, que las oportunidades se habían ido, Miss Acacia. Por qué dejaste que ocurriera, con lo que deseaste e imaginaste que ocurriera, Miss Acacia, irresponsable Miss Acacia... Siempre pensativa.


Maldita pensativa, con ojos de café, que mirabas a todos los lugares menos a donde debías, ¡maldita pensadora Miss Acacia!

Que ahora te encuentras confusa, que ya nada te parece suficiente salvo revivir y volver a vivir, pero, pequeña, el tiempo es caprichoso y no nos deja remontar los errores, pero, ¿a caso lo tuyo fue un error? Oh, Miss Acacia... no llores más, dile a tu alma que no prosiga, pues matará a tu corazón con lágrimas de impotencia que nadie sabe comprender...


La reina de las nieves ha dejado de reír,
las curvas exponenciales de su boca se han tornado,
la reina de las nieves ha dejado de reír, Miss Acacia,
por ti, Miss Acacia.
La reina de las nieves ha dejado de reír,
la reina de las nieves de pelo blanco y joven, ya no es de nadie, Miss Acacia.
La pierdes, la dejas ir, Miss Acacia, ¡qué estás haciendo!










Mas tú sola te desgarras por dentro...
Duele.
Como la riqueza que corrompe el mundo, como mensajes faltos de esencia, como el filósofo muriendo ante sus propias pesadillas, como el general que lo mira todo; desmoronado, sin vida...






Así, Miss Acacia, actúa. Pues la inmortalidad brindará nuevas oportunidades, tu don lo sabe, Acacia.
Lo sabes.






                                                                                       Siempre pensativa
Miss Acacia,                      siempre pensativa
     .




domingo, 7 de julio de 2013

Requiescat In Pace

''Así es mejor'', pensó Miss Acacia. Por un momento creyó que la indiferencia hacia la realidad y su más allá serían la solución para el cataclismo de sentimientos que se habían despertado en ella, como las ganas.

Mas pensó que esa era el espejo que quería enseñar para marcar su visita. 
Por primera vez la paradoja abrazó su mente y sus deseos, en donde la razón, el deseo y la real inexistencia cobraron vida en ella.







''Quédate'', pensaba. No podría creer lo que estaba haciendo. 
Mal.
Libre.
Por fin libre al saber lo que quería, sabiendo que es un error.
Se hartó de los cimientos que se habían creado en su vida, de aquellos de los que temía no poder escapar jamás.
Deseaba lo indeseable, pues los cuernos de lo prohibido acechaban ante su tranquilidad que tanto había deseado conseguir. 

Posándose sus ojos sobre un mismo punto sentía tristeza, en donde su corazón lloraba sangre del dolor que sentía ante la indiferencia que la mentalidad le había obligado a desempeñar. 

Miss Acacia jamás puede dejar de pensar. Siempre pensativa.

Los problemas del mundo le hacen alejarse de lo que realmente quiere y ha estado esperando durante tanto. Siempre pensativa. Cavilando sobre si este es su lugar, si realmente en algún momento de la corta existencia que la mortalidad identificable le había concedido, podría encajar a la perfección como el resto de los de su alrededor. 





Ahora, el dolor del alma permanecerá hasta que la cristanilidad de esta lo haga suyo,tapándose y desapareciendo para siempre. Pero no para siempre, porque la mente no es critalina, la mente es asesina, la mente quiere escuchar, pensar, poner ante sí toda experiencia negativa que las esferas que miran el mundo captaron. 
Daño eterno.



     Siempre pensativa.
Siempre pensativa, Miss Acacia.

lunes, 18 de febrero de 2013

Interés

Resopló en lo más hondo de su ser para no mostrarlo al mundo exterior, pues con decirlo en su universo propio ya era más que suficiente. 
Miss Acacia sabía las intenciones de todo ser viviente hacia ella; no era tonta, o al menos no era demasiado tonta. La verdad es que ya estaba harta de abrir los ojos y encontrarse sin nadie a su alrededor, de verse abandonada por aquellos que realmente la ignoraban por completo. La verdad es que su conducta era el fruto de una cadena que ella en un principio no había comenzado.

Los echaba de menos, pues por lo menos no se encontraban solo por el interés. Se sentía sola entre tanta gente que no era como ella, ni veía, ni pensaba ni sentía como ella. Y si manifestaba algo, sería juzgada con un adjetivo que a ella le importaba un bledo.

Fantaseaba con aquello que haría después, pero pensaba en lo otro y se decía: ''¡cómo se puede ser tan grosero, y encima delante de mi cara! ¿Se creen que no me doy cuenta...?'' Y se indignaba. Pero qué se pensarían...

Aunque no le sorprendía, porque lo peor de todo, es que ya estaba acostumbrada.

jueves, 3 de enero de 2013

.I.

Miss Acacia caminaba encolerizada, pues sentía que nadie iba a derrumbar todo lo que ella había construido con empeño y constancia.
¡Jaja! Pues se pensaría que aquello... En fin. Cuánta ignorancia vio a su paso.
La pequeña caminaba segura por el mundo, lleno de peligros, de maldades, de falsedades, como la que a ella le había tocado sufrir.
Fenecerían todos sus buenos recuerdos en un mar de espumas rojo. Rojo. ¡Rojo!
Serían castigados aquellos que tanto daño le habían hecho, aquellos que jamás pensaron en sus sentimientos. Pues Acacia se había cansado de que siempre la pasaran por alto.
La pequeña Acacia guardó su pañuelo, en donde reposaban las lágrimas de rabia y odio. Sentía traición, rabia, odio y algo de pena. Pero en cuanto en cuanto se miró al espejo desechó la pena y comprendió que es que ella, quien había escrito por sí sola su destino, valía más que todos aquellos desgraciados que la habían hecho llorar.
Ahora el mundo tímidamente sería suyo, y nada más que suyo.
Pues en un papel hizo constar en apta en apta que nadie derrumbaría lo que tanto le había costado construir. ¡Oh, no, no esta vez! ¡Y nunca! Y lo guardó en su cajón para lo restos, porque sabía que la palabra vuela, pero permanece escrita.