Verba volant, scripta manent.

domingo, 14 de julio de 2013

Rex Exanimis.

El Trono Helado que tanto lo estaba esperando lo recibió como el rey que era. 
Arthas, el Rey Exánime que era, soñó, durmió y esperó.
En el instante justo antes del reencuentro con la realidad material y ya no metafísica, mató al niño que seguía viviendo en su alma, el cual, si no hubiera sido ejecutado por la azulísma espada, seguiría habitando en lo más profundo. El Rey Exánime decidió cargar con su anterior, decidiendo que esta vez  él mismo sería quien tomaría las riendas de su vida, sin tener que oír las órdenes de otros como antaño había ocurrido.

Jaina... Padre...
Mas, júrale a los ojos de café si de verdad dejaste de amarlos, de amarla, de besarla. ¡Júralo, gobernador de lo exánime! Sabes que no, que el corazón es retorcido, que ni con el más tóxico insecticida se le consigue eliminar, ni los sentimientos ni recuerdos que de él emanan, cual neblina de la Agonía de Escarcha.
La amas.

Abrió los ojos. Ya no eran los mismos. Aquellos que estuvieron bajo su yugo o que así lo sintieron, lo supieron. No estaban en el Trono Helado, ni próximos, pero lo supieron. Todos aquellos que alguna vez habían sentido a Arthas lo supieron, claro que lo supieron.
El Rey exánime había despertado.
Sylvanas lo supo, y en Theramore también lo supieron. 
Theramore. J...

Las tinieblas lo habían conseguido, habían salido gloriosas en el primero asalto.
Y lo supo. Lo supo mientras soñaba, mientras veía el futuro y el presente, lo supo perfectamente. Había conseguido ver aquello que ocurriría en su vida.
Pero el Rey Exánime estaba más preparado que nunca, con más poder que antes, y con nuevos súbditos gloriosos que no eran tan simples como los otros.

Díselo, Rey, júralo. Mas sabes que no, que allí se encuentra, te atormenta el corazón sus nuevos sentimientos. Te escondes bajo un manto de maldad. Claro que no es demasiado tarde; para el corazón nunca es demasiado tarde, el corazón nunca considera demasiado tarde seguir amando.
Lo sabes.

Entonces, cuando el Rey Exánime se levantó del trono, la voz de su difunto padre pareció formar parte del gélido y  cortante aire de Rasganorte.
''Hijo mío, el día que en naciste, hasta los bosques de Lordaeron susurraron tu nombre... Arthas''.



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