Su dolor alcanzó unos límites en los que no sabía su rumbo, qué hacer, sólo miraba, pensaba, imaginaba y volvía a ser cual aquel que sabe que va a morir.
. . .
Como el llano natural que expira dolor por vuestra escasez poética ante lo predestinado, como la plata abundante que duele igualmente por el tiempo cobarde, como... qué más.
El genocidio filosófico al contemplar la ignorancia en los pilares del universo, como un imperio cayendo...
¡Oh, César! ¡Si vieras las grietas de mi alma, temblarías ante la idea de perderlo todo de tu imperio, oh, César!
Pero es todo tan interno... imposible de exteriorizar con palabras, sólo sus ojos mirando sabían hablar, y, malditos ojos, si hubiéseis hablado más de la cuenta... quién sabe dónde... ¡dónde...!
A veces una cosa, a veces otra, oh...
Confuso, doloroso, encerrado en paredes de cristales.
La impotencia del momento, al ver que se acababa, que las oportunidades se habían ido, Miss Acacia. Por qué dejaste que ocurriera, con lo que deseaste e imaginaste que ocurriera, Miss Acacia, irresponsable Miss Acacia... Siempre pensativa.
Maldita pensativa, con ojos de café, que mirabas a todos los lugares menos a donde debías, ¡maldita pensadora Miss Acacia!
Que ahora te encuentras confusa, que ya nada te parece suficiente salvo revivir y volver a vivir, pero, pequeña, el tiempo es caprichoso y no nos deja remontar los errores, pero, ¿a caso lo tuyo fue un error? Oh, Miss Acacia... no llores más, dile a tu alma que no prosiga, pues matará a tu corazón con lágrimas de impotencia que nadie sabe comprender...
La reina de las nieves ha dejado de reír,
las curvas exponenciales de su boca se han tornado,
la reina de las nieves ha dejado de reír, Miss Acacia,
por ti, Miss Acacia.
La reina de las nieves ha dejado de reír,
la reina de las nieves de pelo blanco y joven, ya no es de nadie, Miss Acacia.
La pierdes, la dejas ir, Miss Acacia, ¡qué estás haciendo!
Mas tú sola te desgarras por dentro...
Duele.
Como la riqueza que corrompe el mundo, como mensajes faltos de esencia, como el filósofo muriendo ante sus propias pesadillas, como el general que lo mira todo; desmoronado, sin vida...
Así, Miss Acacia, actúa. Pues la inmortalidad brindará nuevas oportunidades, tu don lo sabe, Acacia.
Lo sabes.
Siempre pensativa
Miss Acacia, siempre pensativa
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