''Así es mejor'', pensó Miss Acacia. Por un momento creyó que la indiferencia hacia la realidad y su más allá serían la solución para el cataclismo de sentimientos que se habían despertado en ella, como las ganas.
Mas pensó que esa era el espejo que quería enseñar para marcar su visita.
Por primera vez la paradoja abrazó su mente y sus deseos, en donde la razón, el deseo y la real inexistencia cobraron vida en ella.
''Quédate'', pensaba. No podría creer lo que estaba haciendo.
Mal.
Libre.
Por fin libre al saber lo que quería, sabiendo que es un error.
Se hartó de los cimientos que se habían creado en su vida, de aquellos de los que temía no poder escapar jamás.
Deseaba lo indeseable, pues los cuernos de lo prohibido acechaban ante su tranquilidad que tanto había deseado conseguir.
Posándose sus ojos sobre un mismo punto sentía tristeza, en donde su corazón lloraba sangre del dolor que sentía ante la indiferencia que la mentalidad le había obligado a desempeñar.
Miss Acacia jamás puede dejar de pensar. Siempre pensativa.
Los problemas del mundo le hacen alejarse de lo que realmente quiere y ha estado esperando durante tanto. Siempre pensativa. Cavilando sobre si este es su lugar, si realmente en algún momento de la corta existencia que la mortalidad identificable le había concedido, podría encajar a la perfección como el resto de los de su alrededor.
Ahora, el dolor del alma permanecerá hasta que la cristanilidad de esta lo haga suyo,tapándose y desapareciendo para siempre. Pero no para siempre, porque la mente no es critalina, la mente es asesina, la mente quiere escuchar, pensar, poner ante sí toda experiencia negativa que las esferas que miran el mundo captaron.
Daño eterno.
Siempre pensativa.
Siempre pensativa, Miss Acacia.
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