Yo no sé qué ocurre, pues el corazón es enamoradizo, morboso y pasional.
Sé que no te voy a olvidar.
Quiere probar, desea. Pero la racionalidad... ¡la racionalidad! Le impide realizar sus deseos, aquellos que mis vísceras y entrañas también desean. La racionalidad, y lo moralmente impuesto constituyen lo que para Platón las leyes en el Estado.
Te veo marchar...
Sé que no te voy a olvidar.
Estos escuchan las más tristes, las que hacen que el corazón se vaya aún más hacia el fondo. Quiero gritar, quiero tirarlo todo, quiero salir y correr, quiero buscarte... quiero satisfacer a este bipolar corazón. Pero por qué es tan difícil si se puede... Acacia, dime por qué....
Sé que no te voy a olvidar.
¿Amor? ¿Quién dijo amor? ¿Desde cuándo? ¡Oh, el amor ya...! Sí.
Porque la curiosidad es aquello que caracteriza al hombre como lo que más, y más en la peligrosa y caprichosa juventud. Cuánto terror....
Te veo marchar...
Mi mente visualizó el momento, y mi mente maldijo la casualidad. ¡La casualidad que el maldito destino impuso!
Escucha, Acacia, es tan difícil porque el amor se interpone. Pero esta vez lo hiciste bien, así que sonríe aunque te cueste cuando miras por la ventana, porque el culminante momento se está acercando, aquel que te hace recordar, querer gritar, llorar, hacerlo, satisfacer... Pero tranquila.
Quédate conmigo.
Oh, no, no pueden salir... sería tan malo, algo así como penoso...
Sé que no te voy a olvidar.
Acacia, tú misma sabes que esto pasa, que no es más que el tiempo, porque el tiempo, como dijeron aquellos de Grecia, es el médico de todos los dolores. El tiempo es el médico del dolor. Eso dijeron.
La otra vez pudiste soportar el cataclismo de sentimientos revueltos, el choque de deseos, el deseo de desmoronar, lo que comparaste con los cimientos del conocimiento, con el imperio del gran César... Tú puedes.
Te veo marchar...
Pero es que, Miss Acacia, ,lo miras, y fue tan bonito... tan mágico, tan deseado... tan... simple.
Sin explicación, sin palabra alguna, porque algo tan sumamente bello, algo procedente del deseo y que al fin se cumple no tiene si quiera palabras para poder describirse.
¡Cuánto deseo! ¡Por fin! Pero, por qué... ¡Por qué terminó! Las sonrisas del ayer son las lágrimas de hoy.
Pero recuerda, los cimientos del conocimiento que el filósofo tanto ama nunca se desmoronaron, ni el Imperio del gran César pese a que muchos dijeran que por el IV a.C empezó a acabar. Si ellos resistieron, tú también, Miss Acacia. Has de saber el corazón es caprichoso, que su faceta oscura es la más mortal de todas, porque éste posee la habilidad de controlar, ¡de controlar! Algo tan lejano para el hombre común y corriente que son todos.
Quédate conmigo.
La hora se acerca. Sobrevive, no llores. No llores, Miss Acacia, esta vez no p...
Siempre pensativa, Miss Acacia.
Siempre pensativa.
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