Verba volant, scripta manent.

jueves, 3 de enero de 2013

.I.

Miss Acacia caminaba encolerizada, pues sentía que nadie iba a derrumbar todo lo que ella había construido con empeño y constancia.
¡Jaja! Pues se pensaría que aquello... En fin. Cuánta ignorancia vio a su paso.
La pequeña caminaba segura por el mundo, lleno de peligros, de maldades, de falsedades, como la que a ella le había tocado sufrir.
Fenecerían todos sus buenos recuerdos en un mar de espumas rojo. Rojo. ¡Rojo!
Serían castigados aquellos que tanto daño le habían hecho, aquellos que jamás pensaron en sus sentimientos. Pues Acacia se había cansado de que siempre la pasaran por alto.
La pequeña Acacia guardó su pañuelo, en donde reposaban las lágrimas de rabia y odio. Sentía traición, rabia, odio y algo de pena. Pero en cuanto en cuanto se miró al espejo desechó la pena y comprendió que es que ella, quien había escrito por sí sola su destino, valía más que todos aquellos desgraciados que la habían hecho llorar.
Ahora el mundo tímidamente sería suyo, y nada más que suyo.
Pues en un papel hizo constar en apta en apta que nadie derrumbaría lo que tanto le había costado construir. ¡Oh, no, no esta vez! ¡Y nunca! Y lo guardó en su cajón para lo restos, porque sabía que la palabra vuela, pero permanece escrita.

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