Verba volant, scripta manent.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Extra Jäilbreak.

Ya se había asentado a su nueva no-muerte en Entrañas.
Hacía ya varios meses que se había iniciado en el oficio de los boticarios. Ese día tenía enjaulados a tres humanas. Por alguna razón no sentía lástima por ellos, y no tenía piedad ante ellos al probar sus mezclas. Ya dominaba la conversión artificial de humano a no-muerto, pero había veces que fallaba y aquellos conejillos de indias se convertían en auténticos especímenes antinaturales que había que destruir. Ellos la trataron mal, pues muchos la quisieron matar nada más verla por Claros de Trisfal, cuando ya era más que oficial que los no-muertos eran una nueva civilización que formaba parte de La Horda, y que por tanto tenían que ser aceptados aunque fuera con recelo. Y aunque estuvieran enjaulados como animales, o colgados del cuello ya muertos, lo seguían pensando; La Alianza seguía pensando que los no-muertos eran una aberración de la vida y que por tanto debían ser destruidos.

La sacerdotisa alquimista salió de la apestosa Entrañas y cogió el Zeppelin hacia Orgrimmar, ciudad principal de La Horda. Iba a teñirse su pelo de paja. Al salir, ya en Durotar, vio a un pequeño grupo de niños con cara asombro sentados delante de un orco ya adulto. Esta se escondió y entendió por qué se encontraban tan anonadados.
-Ser que esa espada rozara, ser que quedaba convertido en muerto viviente sin voluntad. Pero no como los no-muertos de Entrañas que os encontráis en cualquier lugar, no, sino muertos que solo sabían matar y hacer lo que él les dijera. Además de la espada, él tenía un casco y una armadura que hacía que aguantara cualquier golpe. Ni la magia más poderosa era capaz de frenarlo. Tenía el pelo largo y blanco, y siempre iba a lomos de su caballo Invencible, al cual, según dicen, era al único al que quería de todo el mundo.

-Pero, ¿qué le pasó?-Preguntó curioso un pequeño orco.

-Subimos gloriosos a la cima de la Puerta de la Ira, fuimos a su trono, y tras una dura batalla, conseguimos acabar con él. Pero no fue nada fácil.-Todos se miraron sorprendidos mientras seguían preguntando sobre él.
Como ella sospechaba, no iba a ser un personaje que generara odio, sino más bien curiosidad. Pues no había habido nadie como él hasta el momento, ni lo habría. Para la sacerdotisa alquimista siempre sería su querido y corrupto rey, el cual no supo deshacerse del gran poder que irradiaba aquella azulísima espada. Pero no era malo; pues amó hasta la muerte a su maga favorita de Theramore.

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