Verba volant, scripta manent.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Jäilbreak parte 11.

[...] Se cruzaron palabras desafiantes e irónicas, como por ejemplo, ''Arthas, ¿qué tal está tu padre?'' La sacerdotisa se puso atrás del todo y curó. Esta batalla sin ninguna duda era la más difícil a la que se había enfrentado, sin contar con aquella en Quel´Thalas, claro. Por más escudo que ponía, no dejaban de caer hombres, hasta que llegó el momento en el que todos estaban débiles, en donde no podían más. Parecía que el Rey Exánime había vuelto a ganar. 
Pero el humano Tirion no se rindió, así que se levantó y gritó dándoles ánimos a los campeones de Azeroth mientras les sanaba todas sus heridas. Estos sintieron la motivación y el ánimo necesario para ganar aquella batalla, menos Jäilbreak, que se encontraba asustada mirando los infinitos abismos que rodeaban la redonda pero algo pequeña plataforma de hielo que formaba la cumbre de la Puerta de la Ira, donde se ubicaba el trono helado del Rey Exánime, el corrupto joven que fue príncipe de Lordaeron. 
Unas fuerzas mágicas ascendentes atraparon al Rey manteniéndolo en el aire levitando mientras los campeones de Azeroth acababan con su poderío siniestro y corrupto. La sacerdotisa dejó a un lado las curas y fijó su objetivo en la Agonía de Escarcha. A lo mejor todavía estaba a tiempo y podía destruir aquel fatídico arma y liberal a Arthas. Y también a lo mejor, con algo de suerte, comprenderían que fue esa espada la que lo hizo un ser corrupto y le perdonaran la vida. A lo mejor.
La Agonía de Escarcha se llevó algún golpe, pero eran golpes sin sentido, que no le hacían daño a la espada en absoluto. El tiempo se agotaba; el Rey Exánime se encontraba cada vez más débil y la no-muerta iba aumentando su sensación de frustración al no poder ni dañar mínimamente aquella espada. Cogió al lobo y se acercó todo lo que pudo, de forma que tenía a Arthas prácticamente enfrente. Ahora tenía posibilidad de acierto en sus golpes. Le dio más de uno y de dos a la Agonía de Escarcha, pero era imposible. Ya caía, ya era al final. Concentró todo su maná, y lo proyectó en la espada. Le lanzó unas inútiles enfermedades, y por último una inútil tortura mental. Si hubiese utilizado esos ataques con todo ese maná contra cualquier enemigo, este habría caído en el acto, pero parecía que no era el caso de la espada. Sin saber qué hacer, en medio de aquella tormenta de colores mágicos, gritó que le dieran a la espada, pero nadie hacía caso.
Y cayó.
Aquellas fuerzas mágicas cesaron y dejaron caer al Rey Exánime al suelo. Jäilbrak abrió los ojos como platos, y no se podía creer que aquel jovencísimo Rey hubiera fenecido. Aquel que creó un imperio de muertos, que conquistó territorios como nadie. Aquello jamás se volvería a repetir, y Arthas sería recordado por todos a lo largo de los siglos.

Los orcos gritaron victoriosos sus tan conocidísimo y típico ''¡Lok' tar ogar! ¡POR LA HORDA!'' Los campeones habían conseguido salvar el mundo de un ser poderoso como ningún otro hasta el momento.

Un grupo de encapuchados se reveló, y Jäilbreak se dio cuenta de que no era la única no-muerta allí. ¿Quiénes eran? ¿También habían estado guardando su identidad hasta ese mismo momento? Los humanos los miraban con asco, pero por alguna razón nadie iba a matarlos y los orcos no les dedicaban miradas tan irrespetuosas. 
No dudó ni un segundo y se quitó la capucha ella también. Muchos la miraron, y algunos humanos se dieron cuenta de que ella había estado con ellos en el camino a Rasganorte. 

Se quitó todas esas miradas de encima mediante la indiferencia, y fijó sus ojos en el cuerpo de Arthas.
-Hice lo que pude, mi Rey. Mas sola no fui capaz de quitarte esa espada. Que en la muerte continúes tu virtuoso camino junto a tu padre, el cual aún te seguirá amando. Adiós, Arthas.-Así se despidió de él. Quitó su mirada del cadáver, y nunca más volvió a verlo.

Se fue junto al grupo de Renegados, y cuando llegaron a su destino fue consciente de que esos no-muertos habían creado una civilización propia dentro de La Horda, ''Los Renegados'', y que habían tomado por ellos mismos la importantísima ciudad de Lordaeron, en la cual crearon su ciudad por excelencia, y por la cual se identificaban... Entrañas. 
La Forestal la miró extrañada, pues no recordaba haberla visto nunca por allí.
La sacerdotisa le dijo quién era a la líder de los Renegados, y ambas se emocionaron al encontrarse de nuevo, aunque fuera en la muerte. Se emocionaron al recordar que ambas murieron en la misma batalla por un mismo fin. El discurso de Sylvanas hizo que Jäilbrak sintiera que, pese a todo lo que había hecho como Caballera de la Muerte, su alma se hubiera purificado y liberado; esta le dijo que no importaba cuantos males hubiera hecho en el pasado o incluso en la no-muerte. Ahora formaba parte de una civilización que subsistía por un mismo propósito: la perpetuidad de los no-muertos, pese a que muchos estuvieran en contra. Además, ahora formaban parte de La Horda gracias al noble Jefe de Guerra Thrall, por lo tanto era hora de cambiar, de dejar el pasado en el pasado, y de continuar con la inmortalidad trabajando día a día. Pero sin duda, lo que más emocionó a la sacerdotisa fue escuchar por boca de La Forestal que los elfos de sangre eran de La Horda. No se lo podía creer, era la muerta podrida más feliz de Azeroth, si no fuera por el lobo, el cual había enfermado por las batallas, el frío y el no comer. La no-muerta no podía creer que fuera a perder a su fiel amigo, y Sylvanas rápidamente se dio cuenta de lo que pasaba. Estaba les condujo a la apestosa Entrañas, y buscaron rápidamente a un boticario. Este le ofreció una mezcla que según él salvaría al animal. Se la bebió como pudo, y a los segundos calló muerto al suelo. La sacerdotisa calló de rodillas fracturándose levemente parte de la rodilla descubierta de huesos. Pero al instante el lobo resurgió de entre la muerte, y se levantó como no-muerto. Ahora era inmortal, y estaría para siempre con su querida sacerdotisa. Esta miró a Sylvanas con alegría, agradeciéndole todo lo que había hecho por ella. La Dama Oscura explicó que esa era la metodología mediante le cual la raza de no-muertos se perpetuaba; cuando encontraban a numerosos humanos heridos de gravedad, los llevaban a entrañas, bebían aquello y se convertían en no-muertos. En ningún caso era una aberración, no mataban y tenían voluntad propia.

Jäilbreak. Elfa de sangre sacerdotisa de las sombras. Murió en la batalla por la defensa de Quel'Thalas. Estuvo años marginada social y culturalmente en los bosques de Claros de Trisfal, hasta que terminó matando para el Rey Exánime durante un largo período. Finalmente, terminó formando parte de Los Renegados y trabajando día a día por ellos y por La Horda, de la cual formaba parte muy orgullosa junto con su fiel compañero lobo.

Pero no todos los problemas estaban resueltos, ahora, según decían, las entrañas de Azeroth se retorcían de dolor, los elementos de la naturaleza se mostraban inquietos y desobedientes, y ningún chamán sabía dar explicación alguna. Además, los Aspecto de Dragón no estaban tranquilos pese a que pensaran que el corrupto Xaxas hubía muerto.

Fin.

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