Dolor... Agonía... mi odio arde en las tenebrosas profundidades.
El dolor de mi carne siendo atravesada por mi armadura, será algo insignificante con el de vuestra destrucción.
El mundo se estremece con mi tormento. La tierra ha dejado de obedeceros; la tierra ya ha elegido.
Sus despreciables reinos tiemblan bajo mi ira... al igual que vuestras almas ante la catástrofe que está por venir. La oís, la percibís, la véis, incluso la palpáis.
El fuego ha dejado de calentar para dar paso a las llamas abrasadoras. El agua ha dejado de dormir para enfurecerse y ahogar todo lo que a su paso encuentre. El viento arrancará el hogar, y la tierra se convertirá en roca para aplastarlo todo.
Los verdes prados se convertirán en la más roja de las llamas. El frío y el calor se fusionarán para que el espanto aceche y tome vuestros corazones.
Ya nada es posible, pues ya todo es inútil. La destrucción pasea de mi ala, y vuela conmigo hasta los más infinitos rincones jamás visto. La destrucción tiene hambre, pero esta vez, un hambre insaciable.
El destructor se pasea por vuestro mundo sin que vosotros, mortales, podais hacer nada.
Las aberraciones más perfectas se encuentran creadas y listas para atacar, listas para la guerra. Listas para una guerra sin oponente alguno.
¡Desesperad, mortales, pues destruiré vuestro mundo! ¡Atacad, gritad, cavilad, planead! ¡Porque no habéis hecho nada!
Acuno el cataclismo bajo mis alas, mientras mi pecho henchido de odio hacia vuestro patético mundo, grita en el nombre del caos.
Y finalmente, Azeroth entero se desmoronará. ¡Y todo arderá bajo la sombra de mis alas!
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