Verba volant, scripta manent.

domingo, 15 de abril de 2012

Tatus, tatus everywhere.

Yo personalmente estoy de acuerdo en los tatuajes en menores de edad; cada uno hace lo que quiera con su cuerpo, y cada uno vive las consecuencias de lo que ha decidido hacer.

También pienso que si una persona decide hacerse un tatuaje, será porque es consciente de lo que está haciendo, y también sabrá que ese dibujo que decirse tatuarse es para toda la vida. 

Hay de muchísimas cosas de las cuales uno puede arrepentirse, como por ejemplo, hacer la solemne estupidez de tatuarse el nombre de alguna/o novia/o o amiga/o. Todos sabemos que en muchos casos los amigos y las parejas vienen y van. También, puede ser un grandísimo error el tatuarse el nombre de algún cantante de moda, porque al fin y al cabo los gustos cambian en otra gran mayoría de casos; no te van a gustar los Jonas Brothers para toda tu vida -y menos mal-.

Pero por el contrario, hay ciertas cosas que, como se dice, se llevan en la sangre. Como por ejemplo, puede ser la música; tocar un instrumento o cantar. O algún deporte, como en mi caso es la gimnasia artística. E incluso grupos musicales. 
Una persona que realmente ame -puke rainbows- algún campo, como el campo musical, o el campo literario, y decida hacerse un tatuaje sobre ello, estoy segurísima de que no se va a arrepentir en un futuro. 
Y también pienso que a la hora de hacerse un tatuaje es lo que hay que mirar; el futuro. Porque como bien salió en el debate en clase, es tu cuerpo, ¡es tu piel! ¡qué no se va a poder quitar!

Yo personalmente no pienso hacerme un tatuaje, debido a mi grandísimo miedo hacia las agujas. 


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