Pedazos de la única conciencia que ha de existir, la cual realmente acaba desdoblándose en miles, finaliza el destierro de retazos de sí misma, así como de sueños, partidos en su propia mitad y desechados a la papelera de la imprudencia y desconcierto.
Desconcierto, el desconcierto absoluto. El tiempo pasa en el reloj de la vida, siendo más que suficiente, y mientras tanto el mundo se mueve. Pero es todo basado en lo mismo. Pues, el enfermo mundo no tiene interés ya en nada.
El centro de nuestras vidas, es ahora el centro del corazón, y es un más doloroso y preocupante. El orgullo que impartieron no valió para nada, la cabeza se atormenta, la mente se encierra en la torturada sala, el corazón sale ganando, y eso nunca fue justo.
La cápsula de mis emociones crece austera.
Nadie y nadie es.
Palabras descontroladas, se escapan una por una sin poder cogerlas de nuevo, y aquí terminaría.
Siento que las horas de docencia hacia mí misma se han ido a la papelera. Tengo los sesos cocidos, siento que a veces no puedo más.
Doloroso, angustioso, sin sentido... jodidamente adolescente.
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