Verba volant, scripta manent.

sábado, 10 de diciembre de 2011

It returns, maybe.

Al principio, era divertido y entretenido. Pues quería pasar las horas allí, y no dejar de aprender cosas. También ansiaba pasar de nivel. Y un día, ocurrió. Al fin había conseguido mi meta. La de ir tres días a la semana tres horas. Nuevas compañeras, nuevos maillots, competiciones en las que bailaría yo sola... todo eso, al fin. Era como una vida. Una vida, la cual aun no he conseguido olvidar, ni pasar página. Pues tantas veces me acuerdo de todo... Pero, también hay otras muchas cosas que no se pueden olvidar completamente. Pienso el por qué decidí irme de aquello que tanto me gusta y me gustaba... y es que, se hizo cíclico. Repetitivo. Doloroso. E incluso aburrido. Las espalderas, la flexibilidad, y las entrenadoras encima de mi espalda mientras realizaba algún ejercicio de flexibilidad para conseguir tocar el suelo, eran los ejercicios con los que me topaba cada vez que iba. Pero está claro que todo cambió cuando faltaba tan solo aproximadamente un mes y medio para la competición. Entonces, la gimnasia deportiva volvió a tener el encanto que le encontré al principio. Al fin volvía a haber saltos, bailes, y en ocasiones, barra de equilibrio. Y entonces la competición llegó. En aquel nivel más avanzado, era la primera vez que competía. Y todo salió mejor de lo que yo esperaba. Pues quedé primera. Fue una satisfacción para mí, y todo un orgullo para el club gimnástico. Pero, terminó el campeonato, y todo volvió a lo que era. De nuevo, la rutina cíclica volvió a repetirse. De nuevo, espalderas y flexibilidad. 
Al año siguiente, ocurrió el hecho que hizo que no volviera. Agarrarse al cuerpo de la entrenadora, y esta coge una pierna y la levanta, de modo que se posiciona al lado de la cabeza. Un tirón en la pierna izquierda me hizo la vida algo puñetera unos dos meses. Entonces, entre el tirón, y la constante repetición de los entrenamientos, decidí irme. No lo niego; fue toda una liberación. Pero ahora, lo echo tanto de menos... Y tras meditarlo, sabiendo que por temas principalmente de estudios es toda una locura, quiero y voy a volver. Ya me encuentro preparándome para la prueba que sin duda me realizarán. 


Pero es que, vuelvo a ver los maillots, y sé que tengo que volver. Sé que tengo que aprender todo lo que no no me dio tiempo en aquel tiempo en el que fui.
Y también es ver ese vídeo, y decir; es necesario volver.


Y, ¿cómo es posible que alguien con una estética tan grosera sea capaz de haber hecho un deporte tan artístico y refinado? No es racional. Pero es que, ¿alguna vez he podido ser racional...?

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