Verba volant, scripta manent.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Sábado 19 de noviembre de 2011. 15 horas 58 minutos e inexactos segundos.

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Sangro de nostalgia, hiervo de dolor, y escuece de impotencia. Mi imagen en el espejo me indica que simplemente no sé hablar, no sé oír. El mundo pasa ante mí, y yo únicamente no me percato. 
Tengo miedo de que algún día abra los ojos de otra manera, y vea que a lo mejor yo no soy lo que cree. 
Hay veces que es tan frío como la nieve calándose en zapatos de poca calidad. Y luego, siento que caigo en un asfalto puntiagudo. Y eso duele.
Es repetitivo. Lo he anotado como que es cíclico. La revolución de sentimientos es siempre la misma, pero nunca llega a aburrirme, sino que me abruma demasiado. Tengo los mismos miedos, las mismas sensaciones que carcomen mis entrañas, que me dejan sin sangre, que me dejan fría mirando al cielo ya oscuro y sin estrellas. No sé ni sabría donde esconderme, qué hacer, qué gritar. Porque yo necesito gritar tan alto que me quede sin voz en el primer intento.
Dicen que las personas heridas son las más peligrosas, pues saben que pueden sobrevivir. Y yo no sé si soy de esas que son peligrosas y saben sobrevivir. Yo ya no sé ni lo que he pasado. Y cuando puedo alzar la voz... es que soy tan libre... es que soy tan feliz... como aquellos que me abrazan cariñosamente. Qué bonito.
No veo el mundo como un enemigo. Este ha cambiado. He de temer a aquellos que lo han modificado. Siempre los mismos titulares, siempre las mismas muertes, siempre las mismas lágrimas.
Y siempre los mismos miedos y temores.
Comienza a haber un cambio revolucionario ante esto. Las voces ásperas me dicen tanto... qué envidia. Ellos pueden gritar. Ellos a lo mejor no temen. Y nadie deja que dejen de ser dueños de sí mismos. 
Sé que siempre callo cuando menos debo. Pero es cierto que yo no quiero mirar atrás. Porque igualmente, sangra. Y duele, y escuece. Y me muerde en lo más hondo, y escava un túnel sin fin. Y ya no tengo refugio. Esos riffs no callan las voces que susurran en mi cerebro. Solo en ocasiones. Cuando caigo rendida en el colchón, y ya nada puedo hacer. Entonces, es cuando ellos hacen el ademán de ayudarme otra vez, de la misma manera que lo hicieron anteriormente cuando no pudieron, y entonces... olvido. Y seguidamente, duermo. Un sueño no demasiado apacible. Lo más apacible del día sin duda es nada más despertar. Esas escasas milésimas de segundo en las cuales nada está en mi cabeza. Pero de pronto todo vuelve, y la expresión cambia.
Y luego, todo vuelve a ser normal.
He estado esperando tanto... y la droga vino a mí. Pero esta no es tan macabra. Con tal de que no se marche, yo andaré feliz.
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Vídeos. Cuanto más antiguos, mejor.
PD: La canción del segundo vídeo se llama Cream. 

2 comentarios:

  1. Jajajaja, lo del comentario de los vídeos lo has puesto a posta por mí, ¿verdad? Solo puedo decirte una cosa: ¡¡VIEJUNA!! :p (por supuesto de broma, siempre muestras un gran gusto en música, my dear Ramírez)

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  2. Lo sé, soy una viejuna ewe
    Pero es que es tan perfecto... *-*

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